Singapur, una ofrenda a la multiculturalidad y una oda al mundo feliz

13 de Octubre, 14 de Octubre

Como me prometí ayer, hoy he madrugado y me he dispuesto a recorrer todo lo que fuera posible de Singapur es un sólo día.  Andando, con un autobús y dos metros, he llegado de Lavender Street a Kampong Glam, el antiguo barrio munsulmán, a Little India, al turístico Suntec, al teatro de Esplanade, a Little China, al distrito civil del Parlamento, al animado Raffles Path del río, a Fulterton Road, al  mercado de Bugi, a Little China, y a todos los sitios que no buscaba, pero la falta de orientación me llevó… Y las conclusiones principales de este día de pateos interminables bajo el sol húmedo, son 1) que a simple vista Singapur es una mezcla de culturas increíblemente bien gestionada y 2) que es una ciudad demasiado perfecta, ordenada, limpia y… llena, llenísima de cámaras. Es decir, control.

 

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Desde por la mañana, me han acompañado las pequeñas casas victorianas al estilo inglés vestigio de su pasado colonial, que se juntan con decoraciones fosforescentes y letras asiáticas y se entremezclan con los rascacielos y las palmeras que cubren de punta a punta la ciudad. Mezquitas como la del Sultán en Kampong Glam conviven en el mismo barrio con centros de cultura malayos y cantos hindúes …Hindúes, turcos, chinos, koreanos y singapurenses ¨cien por cien¨como Sam, el señor de la foto, comparten ciudad de una manera sorprendente. Este nuevo amigo, un piloto retirado de 72 años que me ha enseñado un pedacito de la ciudad y me ha obligado a subir, literalmente, a las alturas comprando un ticket más barato que un amigo, bla, bla, bla… (típico trapicheo callejero), me cuenta lo orgulloso que está de ser de Singapur, ¨nacido aquí eh!¨, repite incansablemente sin revelarme el origen de su familia. Por cierto, desde las alturas, aprovechando la ocurrencia, os he grabado este pequeño video para compartir las vistas con vosotros:

 

Del punto más alto y siguiendo la secuencia temporal del día, he bajado a los jardines de Marina Bay, una mezcla de naturaleza y tecnología fascinante que sólo puedo describir aludiendo a las películas de Jurassic Park. Árboles que se iluminan, estatuas de acero gigante en forma de animales, trozos de selva, palmeras, nenúfares…  todo en su sitio, eso sí. Ni una ramita fuera de lugar, ni un sólo papel en el suelo. Pero luego hablaremos de este aspecto 🙂  Los árboles frondosos desaparecen a las puertas del barrio contiguo, el distrito financiero, el que encarna la conocida fama de lujo y riqueza de la ciudad León.

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Centros comerciales enormes llenos de tiendas de grandes firmas, restaurantes que copan las terrazas y ofrecen fiestas de lujo (quise subir a una de ellas para ver las vistas pero os imagináis que con las pintas de mochilera no fui muy bien bienvenida…), taxis por las grandes avenidas, rascacielos pegados el uno al lado del otro… En mi cabeza, Nueva York, debe de ser algo parecido. Así que andé y andé hasta que conseguí salir del estrés de las finanzas y fui a parar al mercado de Lau Pa Sat, un lugar atiborrado de gente y puestecillos de comida dónde, según me explicó el señor que me atendió, acude diariamente a comer la gente que trabaja en ¨los grandes edificios¨ (porcierto, lo que pongo entre comillas es porque uso las palabras exactas que recuerdo que me dijeron). Así que he comido a precio de trabajador: Sopa de pollo, Noodles de Setas y chili y agua por 4 dólares singapurenses.

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Eran las 2.30 y ya con la barriga llena decidí dejar atrás el brillo de los rascacielos y dejarme iluminar por el resplandor de un barrio conocido como ¨Little China¨, un lugar lleno de color, de culto, de mezclas, de comercio…  Originariamente se trataba de un barrio pequeño dónde residía la comunidad malaya, pero cuando los británicos se anexionaron Singapur en 1819 decidieron designar esa zona para las personas chinas que convirtieron el viejo barrio pesquero en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.

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Empezando, como he empezado yo por azares de la vida, por el templo de Thian Hock Keng, donde los creyentes chinos ofrecen regalos a los dioses para pedir suerte. El guía de la puerta me indica que hoy es un día de gran afluencia y rezos y que intente no sacar fotografías ni molestar, así que sólo os puedo enseñar fotos bastante malas… Además, la cámara se me ha estropeado pero esta en proceso de reparación, así que aprovecho el paréntesis para deciros que espero poder ofreceros mejores fotos que estas del móvil!

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Seguimos. La cuesitón es que en Singapur, si algo no faltan son sitios para rezar y practicar el culto. Los hay de todo tipo y para todos los gustos y creencias… he aquí una pequeña muestra de mi paseo por los distintos barrios. 1)Templo budista 2)Mezquita 3)Templo hindú 4)Altar taohista 5)Iglesia cristiana 6)zona de rezo para mujeres musulmanas 7)a fueras de un templo hindú

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Entre todo este jaleo de idas y venidas me ha dado tiempo a sentarme a tomar un té y leer el periódico en Little India (otro barrio maravilloso y colorido) . Viendo pasar a gente tan dispar y diferente por mi lado he pensado, he pensado mucho.

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Y me he acordado de todo lo que he estudiado y debatido este año sobre la multiculturalidad y su gestión, de una charla que tuve con mi padre mismo justo antes de partir, de las clases que mi profesor Javier de Lucas nos dio más menos en el máster.. y sinceramente, en mi cabeza sólo se me ocurren dos adjetivos para nuestro modelo: inútil y racista. El segundo porque a pesar de que no lo admitamos, seguimos pensando que nuestra cultura es taan buena que hay que preservarla de las demás, llevarla en una bandeja dónde podamos servirla ¨de pura cepa¨como si una cultura pudiera mantenerse intacta mientras el tiempo corre, como si fuera lo único a lo que el correr de los años no afectara. Y el primero porque… bueno, mientras en Valencia seguimos discutiendo sobre si en el supermercado o en el metro  los carteles deben estar en valenciano o castellano, aquí, en la otra punta del mundo, consiguen que comunidades tan dispares como la musulmana, la hindú o la china convivan con respeto y armonía con el apoyo y la gestión del estado.  Aquí hay mujeres que llevan el hijab o el sari y otras que van en pantalones cortos y tirantes, los letreros están en cuatro idiomas y se trata de impulsar ese respeto mutuo con gestos tan pequeños como el de este supermercado (ver fotos). Porque sólo se trata de ir más allá de la tolerancia y tener voluntad para aceptar al otro como a uno mismo… qué somos, sino una mezcla de culturas de nuestro tiempo?

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Por supuesto soy consciente de que en un día sólo se surfea por la superficie de las cosas y en Singapur no es oro todo lo que reluce.  A pesar de una increíble expansión económica que lo sitúa entre las primeras potencias mundiales (escribo todo esto sin mirar internet, por lo que no os puedo dar números exactos), Singapur tiene muchos problemas para respetar los derechos civiles y políticos de sus ciudadanos. En un informe de Amnistía Internacional que ojee hace algún tiempo, señalaba como la libertad de expresión estaba totalmente limitada, así como el derecho a la asociación y la independencia del poder judicial. Señalaba también la existencia de la pena de muerte (en el papel que te dan al entrar al aeropuerto pone bien claro que traficar con droga está penado con la muerte directa) y de torturas en las cárceles. Y lo cierto es que, como os comentaba al principio, Singapur está lleno de cámaras… por todas partes.  Y según parece, de policías de paisano, porqué a pesar del estricto control sólo he visto una lechera en toda la ciudad.

En algunas guías la denominan ¨the fine city¨, en un doble juego de palabras porque la palabra fine en inglés hace referencia tanto a bien, a ¨una ciudad guay¨ como a multa, ¨la ciudad de las multas¨, y ya os podéis imaginar porque… Está prohibido hacerse muestras de afecto en público, fumar en sitios públicos, escupir, beber en ciertos lugares como Little India, etc. El gobierno, que es el mismo desde que emergió Singapur como estado independiente hace justo 50 años aunque han habido elecciones, ha instaurado el orden en la ciudad a golpe de ley.  Y a pesar de que parece que se respeten derechos como el de la libertad religiosa (y no sólo de boquilla, sino en la práctica) o la de empresa y otros más relacionados con los sociales y culturales (los bien llamados DESC o mal llamados de segunda generación), como el derecho al trabajo o la vivienda, en Singapur flota una sensación de calma fingida que perturba de alguna manera. Ni un papel en el suelo, nadie cruza en rojo, la gente es extremadamente amable (me han acompañado siempre que he preguntado al lugar y si no lo sabían han removido cielo y tierra)… En mi cabeza, falta una música relajada e instrumental sonando por los altavoces para acompañar el baile.

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Sin querer,  venían a mi memoria paralelismos con las distopías clásicas de Huxley o Orwell, cuando hablan de El Mundo Feliz o del Gran Hermano, de un orden necesario que va aparejado a la supuesta felicidad, de la necesidad de sacrificar la libertad por el bien común, por una armonía social. Un tema que desde luego da para largo, sólo quería compartir con vosotros la reflexión, porque nunca se sabe… las libertades individuales son fundamentales y merecen el máximo respeto, pero.. porque en nuestras democracias van siempre por delante de derechos básicos como el de vivienda o trabajo sin los que la libertad de expresión poco sirve? Porque pensamos que somos libres tal y como vivimos?

Sea como sea, y reflexiones a parte, de Singapur me quedo con la sensación de ser la única ciudad que he visitado de momento en la que en un mismo día he encendido incienso en una iglesia, he cantado descalza en un templo hindú, he llevado una chilaba en una mezquita, me he lavado los pies en una comuna nosédequé y he ofrendado una manzana al diente de Buda cubierta con un pañuelo…  Y sobre todo, me quedo con la el agradable sentimiento de haber sido tan bienvenida en todos y cada uno de los sitios.

Au revoire Singapur!!

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