Begoña y Kupu Kupu: del viaje a la acción

Begoña es trabajadora social. Vino de vacaciones a Indonesia hace unos 16 años y se enamoró de Bali. Tanto tanto que después de venir de turista tres veces durante dos meses, ¨como tu, como vosotros y como viene todo el mundo¨, volvió para quedarse. Original del País Vasco, su historia es un sinfín de casualidades y pequeños gestos que la hacen grande y cambian el día a día de quien se cruza con ella.

Su voz dulce nos recibe en los bungalows que gestiona para financiar la asociación que creó y mediante la que se dedica en cuerpo y alma a las personas con discapacidades que viven en Ubud y en las aldeas cercanas. Nos quedamos en Kupu Kupu bungalows un par de noches (el 60% de las ganancias van íntegras para la organización) y después de escuchar varias de sus anécdotas, decidimos que su historia bien merecía la pena para inaugurar la sección de entrevistas del blog. Porque gente sencilla y buena como Begoña son una inspiración y un chute de fuerza y energía tan grande que quedárselo para uno mismo tiene un semblante egoísta. Así que os dejamos con el resumen de la conversación/entrevista que le hemos hecho hoy en la asociación en la que nos cuenta más sobre su proyecto, sobre Bali y su cultura.

 

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¿Cómo surge el proyecto?

En mi segundo viaje a Bali, estuve en Ubud unos dos meses. Empecé a hacer algo de trabajo voluntario y conocí a gente con alguna discapacidad, pero no de forma determinante. Al año o a los seis meses, no recuerdo muy bien, volví y empecé a visitar ONG. Por casualidades de la vida, me enseñaron el colegio de discapacitados de Bangli, vi la cocina qué tenían y me impresionó un montón… Claro, ahora que ya llevo tiempo aquí estoy más acostumbrada, pero en aquel momento venía directa del ¨mundo occidental¨ y ver unas instalaciones sin suelo, con ratones… Pensé, hay que hacer algo. Así que le pedí al director un presupuesto de lo que costaría hacer una cocina/comedor y me volvía a Edimburgo, donde me había mudado para aprender inglés, y busqué alguna asociación que quisiera llevar a cabo ese proyecto. Pero no encontré nada… Decidí volver a Vitoria y me encontré con lo mismo. Nadie estaba muy interesado en Indonesia y además yo no era Médicos Sin Fronteras ni nada de eso, así que era más difícil. Pero soy muy cabezona y no podía quitarme la idea de encima… Me sugirieron que la única forma era formar una ONG e intentar acceder a subvenciones públicas y así lo hice. Los amigos me ayudaron convirtiéndose en secretarios, tesoreros, etc., y registramos KUPU KUPU, que significa mariposa.

¿Lo de mariposa tiene algún significado especial?

 En un principio surgió de la dificultad que es buscar un nombre para una organización… Queríamos llamarlo ¨Sonrisas para niños¨ pero ya estaba cogido, empecé a decir palabras que me sabía en Indonesio y una amiga me dijo que le gustaba Kupu Kupu. Ahora le veo mucho sentido, porque representa todo lo que hacemos, hacer que la gente vuele, que tenga otra vida…

Y volviendo al tema de la asociación, ¿después de organizaros fue fácil conseguir los fondos?

Bueno… fue bastante difícil, toqué muchas puertas. Nadie creía mucho en el proyecto y creo que pensaban que ya se me pasaría… Pero al final, Juana Nurquijo, del departamento social del Ayuntamiento de Llodio, un pueblecito de Álava, creyó en él , lo defendió en el pleno y nos dieron 500.000 pesetas. Cogí un billete de avión y aquí que me vine, a hacer la cocina/comedor.

¿Y después? ¿Cómo continuaste con la labor de la asociación?

Una vez en Bangli hice varias encuestas para ver qué situaciones vivía la gente con discapacidad. Y me di cuenta de que no tenían sillas de ruedas, que personas de 30 años no sabían ni leer ni escribir, que no tenían baños en las casas. Encontré un motivo y una razón para quedarme aquí, que es lo que quería, no quedarme porque sí. Hicimos una contrapartida local de la asociación y para continuar con el proyecto me di cuenta de que hacía falta tener un centro de día desde dónde poder ayudar a estas personas y ofrecerles servicios, formación.

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Perdón por el paréntesis Bego, pero… ¿aquí en Indonesia no hay servicios públicos para gente con discapacidad, tiene que ser una iniciativa privada?

 

Sí que hay, como el colegio de Bangli que os digo. En la isla de Bali hay 9 distritos (comarcas) y en cada uno hay un colegio para gente discapacitada, tanto física como psíquica, van todos juntos. Pero aquí la educación en general no es un tema importante… y normalmente las familias no llevan a los niños porque no hay facilidades de transporte y sencillamente pasan de llevarlos y recogerlos todos los días. En el de Bangli se podían quedar a dormir pero no le dan importancia, no sé, no acaban de funcionar del todo y para gente adulta no hay ayudas. De hecho, aquí vamos a recogerlos nosotros todos los días sino no vienen, las familias no les traen.

¿Tenéis entonces algún tipo de transporte para ello?

 Ahí quería llegar. Primero no te he contado que nos costó dos años conseguir financiación para construir el centro de día… En aquél momento, yo estaba con visados de seis meses e iba y venía a España. Busqué financiación en cajas, ayuntamientos, mil sitios y nadie estaba por la labor. ¡Salía de las entrevistas con unas lloreras! Una vez tuvimos el dinero, las cosas vinieron un poco más rodadas. Por azares de la vida una pareja británica nos regaló una moto y un móvil y construimos el centro y compramos un autobusillo. Empezamos a agrupar chavales, a ir a buscarlos… Después (en 2009) creamos otro centro en Bangli, ya que yo tenía esa espinita clavada de mis inicios.

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Y en todo ese proceso, ¿qué dificultades has tenido en Bali, a parte de la económica, para llevar a cabo el proyecto de ayuda directa a personas discapacitadas?

Buf… La mentalidad. Es que es un abismo total. Si no había nadie haciendo este trabajo es porque para ellos no es importante, y esto me ha costado mucho de identificar. Al final te adaptas, sino desesperas. Como os decía, este país no le da mucha importancia a la educación. Van a la escuela pero no se innova, no se sale de lo que hay… se respira una vaguedad que agota, desde nuestro punto de vista claro.

¿Son tan diferentes las mentalidades?

Ni te imaginas. Para mi son marcianos… como funcionan, no sé. Ni sienten, ni padecen, como suelo decir, son gente muy manual, lo de pensar les agobia.

Debe ser difícil entonces encontrar la motivación para llevar a cabo tu trabajo…  ¿En qué la encuentras?

La verdad, en los chavales. Son lo que me ayuda a seguir. Llevo 15 años en esto y aunque los siento como si fuesen 40 porque es una dedicación absoluta, vale la pena. Me gustaría que funcionara sin mi, pero la gente que trabaja aquí no acaba tampoco de saber cómo gestionarlo. Son todos locales y en lo que se puede gente con discapacidad, pues intentamos darles un futuro profesional para que se realicen en todas las etapas de la vida. Al menos siete empleados entran en esta última categoría.

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¿Por qué crees que sería tan difícil que lo gestionaran por ellos mismos?

No sé muy bien… La explicación que le encuentro es que por lo que yo veo aquí conciencia social no tienen mucha. Son hinduistas y creen mucho en el karma. Es decir, que parten de la base de que todo lo que te pasa lo tienes que aceptar. Pues, ¿para qué cambiarlo? En general, aquí todo funciona así.

Y entonces, ¿cómo justificarías esa cooperación local con principios que no son precisamente locales? ¿Crees que es positivo? Yo creo que sí, pero es algo que me planteo a veces…

Es una pregunta muy difícil. Yo me he llegado a plantear a veces si lo hago por mi o por ellos. Pero veo las necesidades y creo que es positivo. Porque la gente con discapacidad sí quiere tener una vida normalizada, quiere salir de casa, tener experiencias, pareja, trabajo, amigos. Aquí ves la transformación y es increíble. Aprenden a relacionarse, a escribir, a trabajar los mayores, matemáticas, inglés… Y bueno, aunque socialmente no tengan esa necesidad, el disfrute se lo llevan. Es para ellos.

¿Tienes algún ejemplo que te infunda ánimos o en el que hayas visto ese progreso y te ayude a ver que de verdad vale la pena?

Sí, el caso de Made es súper simbólico porque representa un poco todos los proyectos que llevamos a cabo. Made tuvo la polio, en Indonesia ya no hay pero hace 30 años hubo un brote. Cuando lo conocí no tenía silla de ruedas, así que le dimos una para que se pudiera mover y los chavales de la asociación le enseñaron a usarla bien. Le pusimos una rampa en su casa y le dimos materiales a la familia para que pudiera construir un baño. ¨Ya no me tengo que bañar con los patos¨, decía. Ni os imagináis, tiene un sentido del humor increíble. Le recogíamos tres veces a la semana para darle clase y en 2004 empezó a trabajar en la tienda (Kupu Kupu tiene una tienda en la que vende manualidades hechas por sus alumnos para ayudar a financiar la asociación), en la que estuvo 4 o 5 años. Made es un ejemplo perfecto de integración, de superación…. Con un sponsor australiano que conseguimos le adaptamos un moto con la que se mueve por dónde quiere, conoció a una chica en la asociación y ahora están casados y tienen un hijo, trabaja en una empresa privada y vendiendo figuras de madera en la tienda de la asociación, ya que es súper buen tallista. Es todo un ejemplo de lo que queremos hacer, para que os hagáis una idea.

La verdad es que es una labor buenísima y además muy individualizada… un trabajazo! Hablas de un sponsor australiano, ¿ya no recibís más financiación pública, ya sea española o del gobierno indonesio?

En 2009 recibimos la última subvención de España. El gobierno indonesio no nos da nada… Tiene un departamento de bienestar social, pero no sé… Ahora sobre todo nos financiamos de forma privada. La verdad que casi siempre desde sponsors australiano y uno de Gran Bretaña.

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¿Te gustaría que hubiese una implicación más activa del gobierno de Indonesia?

Hombre, claro… pero es difícil que pase, primero porque hay mucha corrupción y porque como te digo aquí las cosas funcionan diferente. Grosso modo, se vive mucho por comunidades, barrios. En la comunidad se intenta arreglar todo y sino en el núcleo familiar. Quizás no se espera del Gobierno que arregle cierto tipo de cosas porque no se consideran importantes tampoco. Sí, hay escuelas, hospitales… pero no es el mismo concepto, la sanidad es prácticamente privada. Además, un rasgo muy determinante es que aquí no existe el ser individual, no tiene sentido, la gente es en tanto que ser social, en tanto que miembro de algo. Comparar España o Europa con Bali es imposible.

¿Qué diferencias son las que más te llaman la atención?

Uuf… pues es que son dos extremos. Aquí en realidad no viven por el dinero, viven para la religión, a nivel general claro, pero bastante general. Aquí la gente se levanta, arregla el jardín, pone las ofrendas diarias… Viven para la unidad familiar, todos juntos en una casa, comparten hasta la cama!! Y también viven, como os digo, para la comunidad. Se casa el vecino y van todos, no a la boda, sino a la preparación de la ceremonia. Se muere el nosequé del pueblo o el barrio y van todos a preparar el funeral. Se vive en comunidad. Además, el balinés no necesita trabajar para ser feliz. Un trabajo de 8 horas 5 días a la semana lo puede matar. Su vida no gira en torno a nuestro calendario, sino a las ceremonias. Necesitan tener un trabajo que no les ate mucho, porque tienen mil ceremonias por todo y no pueden/quieren faltar. A mi me pasa en la asociación… los trabajadores me piden días libres y si no se los doy no lo acaban de entender, se lo tengo que dar sino se van a trabajar a otro sitio. Para que os hagáis una idea, cada comunidad tiene tres templos, el de los muertos, el de los vivos, y otro más que ahora no recuerdo…

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¿Y en cuanto a otras necesidades qué hayas detectado? ¿Alguna cosa que te llame la atención en este aspecto?

Es difícil responder. Para mi aquí los niños no tienen muchas oportunidades, por ejemplo, extra escolares. Lo de España me parece demasiado, allí no se tiene tiempo para disfrutar sólo hacer cosas: actividades, actividades… pero lo de aquí es el otro extremo. Sólo existen los bailes y el gamelan (una agrupación musical tradicional), nada más. No hay motivaciones. También creo que faltan servicios de geriatría y psiquiatría.

Y por ejemplo, en cuánto a discriminación de género, ya que estamos, ¿cómo ves a la sociedad balinesa?

Yo, sinceramente, no diría que los hombres tratan a las mujeres como seres inferiores, aquí hay muchas cosas que son al revés. Es cierto que algunas esferas de decisión política siguen siendo fundamentalmente masculinas, pero el día a día es muy plano en ese aspecto. Aquí todo funciona por roles… los hombres tienen unos, las mujeres otros, según la familia también tienen unos u otros. Esta isla es un poco el yin y el yan. Los contrastes. Por ejemplo, las mujeres hacen un montón de esfuerzo físico, trabajan en la obra, cargan un montón de cosas, gestionan negocios, y los hombres son muy padres, les encanta estar con los niños, cuidarles, llevarles de paseo. Mucho más que en Europa, creo. En los barrios, por ejemplo, existe la separación en los órganos de hombres, los de mujeres y los de chavales, uno para cada miembro de la familia y cada uno tiene un trabajo qué hacer, unas ceremonias que preparar. Aquí todas las piezas encajan, nadie suele salirse.

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Esto es un tema interesante, porque claro, la movilización política en un escenario de estas características parece imposible…

Yo la verdad es que no estoy del todo enterada de estos aspectos. Pero te puedo decir que aquí la democracia es muy joven y que, como te digo, a la gente no le gusta destacar, tiene vergüenza de exigir sus derechos. Aquí hay mucha corrupción y cuesta que entiendan que un policía no es más que tú, por ejemplo. Mira, nuestro vecino es político…. Y para que te hagas una idea ofrecía 500.000 rupias si le votabas! Luego iba el pobre mendigando porque no tenía nada, pero aquí funciona así. Creo recordar que hace pocos años hubo una especie de protestas fuertes del Partido Comunista de aquí y que los fusilaron a todos, entraron a por ellos en sus casas de noche. Pero por lo general, la gente no suele reclamar sus derechos civiles y políticos.  Una mujer americana me comentó un día que ella pensaba que era porque los indonesios han estado siempre colonizados, primero por los holandeses y luego por los japoneses y que esa cultura de la dominación ha calado mucho. No sé, es una explicación.

 

Anochece y seguimos sentados en el suelo alrededor de la mesa dónde empezó la conversación. Begoña tiene que irse a acompañar a un grupito de vascos a ver unas danzas tradicionales balinesas, porque a parte de trabajar para la asociación, por lo que hemos visto, hace la vida de un montón de turistas muchísimo más fácil y divertida. Nos despedimos con la promesa de volvernos a ver y acompañarles otro día más en sus actividades. Desde luego, la fuerza, las ganas y la bondad de Begoña son contagiosas. Os animamos a todos los que vengáis de visita a Ubud a que os alojéis en los bungalows de la asociación. Son unas casitas sencillas con unas vistas preciosas a los arrozales y así de paso además de turistear por aquí, cosa que recomendamos un montón, colaboráis con una buena causa.

 

Gracias Bego por tu tiempo. Todo un placer.

 

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Bungalows Kupu Kupu 

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