Reflexiones: Sulawesi y la globalización, Bali y la tradición

La isla de Sulawesi y la isla de Bali son hogar para múltiples sociedades y culturas, maneras de vivir, en el seno de Indonesia. Las diferencias y similitudes entre las dos, sus distintas maneras de vivir el siglo XXI y adaptarse al mundo actual nos ofrecen diversos ejemplos desde los que podemos reflexionar sobre lo que significa la convivencia entre la tradición y la globalización en general, y sobre lo que ocurre en este país en particular.

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Sulawesi es un lugar muy tradicional, que sólo en los últimos años ha estado recibiendo a sus primeros turistas, y generalmente apartado de los focos de atención tanto nacionales como internacionales. En Sulawesi se duerme en el suelo, se caga en un hoyo y se toma una ducha del agua de un pozo (mediante un pequeño cazo).
Allí el turista es la novedad, aquello que se encuentra de alguna manera fuera de lugar y fuera de las expectativas diarias de todos los habitantes de la isla. La persona extranjera es, por lo general, más parecida a un animal exótico o a una piedra preciosa que, en definitiva, a una persona. La cosificación sobre las personas extranjeras es salvaje desde la misma palabra que las define: ¨bulé¨. Esta palabra, que en la versión oficial dice ¨extranjero¨, en realidad define algo más parecido a una ¨cartera con patas¨ o a un animal de circo que, además, regala dinero. Así cuando caminas por Makassar, capital de Sulawesi, experimentas la persecución de un pequeño ejército de personas que te persiguen gritando ¨bulé, bulé! Hey, bulé!¨, constantemente intentando vender cualquier cosa a precios que ni ellos se creen, tomando fotos, riéndose de cosas que no entiendes en indonesio (es decir de ti, en tu cara)…intentando saquear con tu consentimiento tu cartera y tu paquete de tabaco.

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En zonas más rurales de la isla, la persona extranjera es tratada con extrema cordialidad (en las casas y aldeas, en la calle todo son gritos y saludos que son, aunque sinceros y apasionados, bastante rudos), formalmente, como un invitado de honor. Cabe reseñar el hecho de que la mayoría de personas, durante mi estancia allí, jamás habían visto a alguien de fuera. En cambio, nadie jamás pregunta por la vida en España, por como se hacen las cosas, por la distinta manera de pensar… lo importante sobre el extranjero no son sus nuevas ideas o su cultura exótica, sino el hecho mismo de que es extranjero. Lo que se suceden son cientos de fotografías para el Facebook y demás redes sociales, en distintas posturas y distintas caras que te exigen hacer, tomadas tanto por las mismas familias y amigos como por muchedumbres que se aglomeran en las puertas y ventanas de la casa a observar el maravilloso circo de unas pocas personas blancas sentadas que beben café sin acabar de entender nada.

Pero los coleccionables de fotos con turistas para las redes sociales, es decir la extrema cosificación de éstos, es solo la manifestación “divertida“ de los efectos que tiene el proceso de globalización en una sociedad como esta, con una mentalidad muy tradicional. En pocos años esta parte del mundo se ha llenado de motos y demás vehículos de una manera salvaje. Las calles solamente tienen el sonido de la bocina y el olor del motor. Con un cambio tan drástico, hay miles de vehículos circulando por las calles de una forma tan caótica hasta el punto de que el tráfico supone una de las cusas de mortalidad más graves de la isla y del país (si no la más grave), cosa fácil de imaginar. También consecuencias de esta globalización salvaje son, por tanto, la espesa polución que se respira en las calles o el hecho de que los habitantes de la isla hayan olvidado prácticamente como caminar (nunca más de 50-100 metros, esto es visto como una locura indeseable, traducida en caras de perplejidad).
Por otra parte están los plásticos. La economía global ha traído a Sulawesi una cantidad ingente de materiales plásticos y tóxicos varios, pero por supuesto no ha importado conceptos muy básicos como (ya no el reciclaje de residuos) la recogida de basura. En Sulawesi la basura de todo tipo se amontona en las calles, los colegios, los campos de fútbol, los patios de las casas… Los plásticos, tóxicos, y que tardan alrededor de 5000 años en degradarse, son depositados en el suelo cultivable (cuya toxicidad alimenta a las plantas y más tarde ingerimos), en los ríos (cuyas aguas más tarde bebemos), en el mar (con un gran impacto sobre las aguas y sus habitantes que más tarde comemos)…cuando no, y esto es lo que ocurre con la mayor parte de estos residuos, son quemados en una pila de basura a cualquier hora del día (y entonces los respiramos en todo el mundo). Además Sulawesi luce a la vista como un gran basurero. La escasa educación ambiental de los habitantes de la isla, junto a la inmensa corrupción que inunda las instituciones, hacen imposible que haya una reivindicación social por el servicio de recogida de basura (ni siquiera se percibe el problema) y que los presupuestos que llegan desde el gobierno central a las distintas regencias de la isla para tal fin (imaginando que efectivamente lleguen) lleguen a cumplir su cometido.

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Así, con la llegada de los mercados globales a Sulawesi, la isla se inunda de materiales y tecnologías que jamás habían sido necesitados y que no se saben gestionar. También generan otras tendencias adversas, como los movimientos masivos de millones de personas a las ciudades, donde se aglutinan y malviven por conseguir cuatro limosnas (siguiendo el nuevo sueño capitalista)…en una economía que todavía hoy se basa casi por completo en la agricultura y la pesca tradicionales. Cabe imaginar los dramas personales que toda esta situación conlleva, originados por la búsqueda de nuevas oportunidades que el mercado capitalista promete, pero en realidad no existen. Por todo, las consecuencias para la calidad de vida, con un modelo de hacinamiento en las ciudades, la salud pública y la salud del medio ambiente en Sulawesi son nefastas.

Otros pequeños ejemplos de esta globalización desordenada son la pesca con bombas en los arrecifes de la isla (como barbaridad medioambiental, atentado a la biodiversidad), o el divertido caso de los cantos islámicos en las mezquitas (sucedidos algo más de 5 veces al día, algo más de 15 minutos cada una), que por obligación han de cantarse en árabe antiguo, y como parece que nadie sabe hacerlo, se llevan a cabo con la reproducción de un CD musical cuyo título imagino como algo parecido a “Cantos Islámicos del 2003: los mejores éxitos!“.

La isla de Bali es otra cara de la misma moneda, la opuesta, en apariencia. Las ciudades de Kuta, Denpassar y Ubud se encuentran completamente globalizadas: aquí puede observarse un pequeño mundo, en el que las personas extranjeras venidas de todo el mundo ocupan las calles y sus comercios tanto como las locales. Aquí se duerme en camas occidentales, se caga en baños occidentales y por lo general se toma una ducha utilizando grifos occidentales.
Aquí lo que está completamente cosificado es la tradición. La tradición no como solía ser, sino aquella nueva tradición que ha aparecido expresamente para ser comercializada. Clases de yoga (no su práctica tradicional local, sino el yoga tal y como se practica en el resto del mundo, como ejercicio de una hora al día tres días por semana), galerías de arte (nada tradicional, como pinturas modernas, pop, impresionistas…), idílicos cultivos de arroz (transgénico), locales de ambiente balinés/europeo/“new age“… llenan el paisaje “a la carta“ de las demandas de la economía turística global.

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Por supuesto que, como en todas aquellas partes del mundo donde el proceso de globalización tiene un efecto significativo (prácticamente todas), surgen tensiones por los problemas que trae, y entonces se produce una especie de idealización de aquello que solía ser, de los valores y las prácticas tradicionales.

Ante la percibida “pérdida“ de las identidades locales, de nuestro carácter étnico, nacional, etc… se intenta habitualmente forzar el retorno a las antiguas prácticas que, en nuestro imaginario, definían en un pasado (que puede o no puede haber existido jamás) nuestro carácter como pueblo. Así normalmente se recuperan algunas prácticas culturales (o en algunos casos se inventan) y sea como sea el resultado siempre es nuevo: incluso prácticas que existían tal cual cambian su carácter y su sentido original al haber cambiado drásticamente su contexto y sus razones de ser. Un rito de respeto a la naturaleza se convierte ahora en un rito tradicional para la venta, o sencillamente para auto-convencer a los participantes de que su identidad no está completamente perdida. En Bali podemos observar cientos de danzas y ritos “tradicionales“ que representan el carácter más indígena y exótico de esta cultura y en el camino venden caras entradas a centenares, como el mejor cine en su mejor época.

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Vemos también como se reivindica un retorno a la agricultura tradicional, orgánica, basada en profundos valores de respeto hacia la naturaleza. Pero en realidad la agricultura que se construye a través de estas reivindicaciones no se parece demasiado a aquella que se llevaba a cabo en el pasado. Me explico. La agricultura tradicional, por un lado, no era seguramente la mitad de diversificada de lo que ahora es la orgánica, ni utilizaría avanzadas técnicas de permacultura que hoy agilizan y hacen más eficiente el cultivo. Por otra parte, la más importante, está el retorno al supuesto carácter tradicional. En primer lugar porque el deseo de una agricultura orgánica, sin transgénicos ni pesticidas, tiene su mayor razón de ser (cuando no su origen) en la demanda turística de un consumo más saludable y “bio-friendly“, por el que se está dispuesto a pagar el doble. Sin esta condición es muy dudoso que los agricultores y comercios de Bali aceptaran pagar la comida más cara por el único hecho de respetar sus valores tradicionales (ya que de hecho la agricultura orgánica sigue siendo muy minoritaria y prácticamente sólo funciona con inversión extranjera).

En el segundo lugar porque aquel carácter de profundo respeto por la naturaleza es tan sólo una idealización (generada en la pérdida de identidad) del carácter tradicional que realmente era. No olvidemos que aquellos agricultores tradicionales jamás dudaron en ponerse a echar pesticidas para aumentar su producción y pagar menos trabajadores, o ahorrar horas de trabajo en cuando dispusieron de la nueva tecnología. Tal vez simplemente no conocían las consecuencias, pero pensemos también en aquellos pescadores tradicionales de Sulawesi que sin remordimientos cambiaron los hilos, las redes, por las bombas.
No se trata de menospreciar los valores tradicionales, ni culpar a estas personas por procesos que son globales, sino simplemente de pensar a través de estos ejemplos acerca de cómo tienen lugar los cambios en la prácticas culturales, y sobre la idealización de nuestro pasado cultural, en el que a veces volcamos nuestros mejores valores e imaginaciones. Si tratamos de “volver“ a una época de perfecto equilibro y respeto para con la naturaleza y las personas, en realidad no se trataría de un regreso, porque tal pasado nunca tuvo lugar. Todos estos deseos nacen de problemas que se originaron en el mismo proceso de globalización (en nuestro ejemplo, la producción industrial de los alimentos), y debería pensarse tal vez en las prácticas e identidades que deseamos para la sociedad futura, distinta a cualquiera de las que hemos conocido en el pasado.

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Cuando la globalización, los procesos originados a gran escala como aquellos económicos y políticos que se extienden a nivel mundial, incide sobre una sociedad determinada, el resultado se derivará de su relación con las características específicas (locales) de aquella sociedad en la que inciden. Aquí en Indonesia proliferan las motos, los plásticos, la economía capitalista, etc…como en el resto del mundo, pero todo esto se vive y se practica “a la indonesia“, fusión de características globales, nacionales y más locales (dependiendo de la isla, la región, el pueblo, la religión en la que te encuentres).
Este pensamiento puede ser muy útil para interpretar los mayores problemas por los que el país pasa. Sus cosas buenas, la dulce vida tropical, por supuesto merecen nuestra mención y reconocimiento, nuestro disfrute, pero no nuestra preocupación. Volviendo pues a las realidades más problemáticas, podemos pensar que algunas tendencias globales (como la producción industrial, los mercados capitalistas y sus oligopolios, las nuevas tecnologías civiles, militares y de vigilancia…) cuando se entremezclan con determinadas características socioculturales específicas de estas regiones adoptan formas locales que son nefastas.
Cuando hablamos de las características de aquí estamos pensando, sobre todo (como ejemplo paradigmático) en el carácter dócil y despreocupado de la sociedad indonesia. Aquí pocas cosas crispan, pocos problemas se perciben, pocas soluciones se plantean. Sea por la filosofía del Karma en la cultura hinduista (Bali), como por el “keep it simple“ al que invita el Corán, aquí generalmente los problemas no se solucionan, se tragan y ya está. Esto se ve en el carácter pasivo con el que no se percibe la necesidad por la educación de un hijo discapacitado, por ejemplo, o la aceptación silenciosa general de cualquier medida represiva, extremadamente violenta o censuradora por parte del ejército y los gobernantes.

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Esta pasividad social local contrasta enormemente con el carácter activo y trabajador con el que las grandes empresas internacionales explotan y destruyen los recursos naturales del país, las vidas de sus habitantes y prácticamente, a través de un gobierno represivo y profundamente corrupto, imponen su ley ante una sociedad impasible.

Este post, lejos de ser un manual bíblico sobre la realidad de Indonesia, tan sólo pretende compartir algunas reflexiones acerca de cómo funcionan estos procesos. Aportar ideas que (sea por acuerdo, sea por desacuerdo, sea simplemente planteando alguna nueva curiosidad) tal vez pueden ayudarnos a pensar sobre los problemas que vive el mundo y el país indonesio en particular como la contaminación, la veloz destrucción de la selva de Borneo (la más antigua y biodiversa del planeta), la represión política, la pobreza, la desigualdad.

La realidad siempre es muy compleja y diversa, así que no dudéis en compartir vuestras opiniones!!

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2 thoughts on “Reflexiones: Sulawesi y la globalización, Bali y la tradición

  1. així, d’entrada, convivència entre tradició i globalització sembla que no existeix com a tal convivència, la globalització devora tot el que pille pel davant i la tradició (cultural), amb el temps, acaba en folcklore mal interpretat… les altres “tradicions” simplement desapareixen

    lo de “bulé = cartera con patas”, m’ha fet riure de dabó

    les motos, els plàstics, les noves agricultura i pesca… per a plorar i no parar

    aleshores, vols dir que els indonesis ens guanyen als valencians a meninfots?? costa de creure

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