INDONESIA A FONDO, política y derechos humanos

Indonesia es paraíso. Es playas, volcanes, templos, tradiciones, gentes, fauna, biodiversidad, lenguas, comidas, buenas maneras y religiones. Cualquier folleto turístico la sitúa en el top ten de los lugares a visitar y sus más de 17.000 islas esconden secretos todavía indescifrables. Fue anhelada por los musulmanes que zarparon en su búsqueda e implantaron el Islam frente a los reinos hindús y budistas que se habían establecido mediante el comercio con la India desde el siglo I DC. Se convirtió en un bastión de riqueza durante la colonización y portugueses y holandeses pugnaron por controlar su territorio y materias primas. Como resultado, Holanda y su famosa Compañía de las Indias Orientales explotaron el país hasta la II Guerra Mundial, fecha en la que Japón decidió expandir su imperio hacia las islas del sur. Toda esta historia de colonización y saqueo terminó con una revolución comunista liderada por Sukarno en 1945 y dejó un legado que junto a otros factores sociales, económicos y culturales del país, es difícil de superar. Aleja a Indonesia del ranking del paraíso y la empuja al de la corrupción, la pobreza, la impunidad, la violencia policial y las vulneraciones de derechos constantes a activistas, periodistas y mujeres.

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Indonesia es un país difícil de gestionar y sus estructuras de país unificado y democrático son jóvenes y poco estables. Alberga una población de más de 255 millones de personas según el censo de 2015 y aunque el Islam es la religión mayoritaria con un 82,4% de fieles, existen múltiples grupos étnicos, lingüísticos y religiosos. Por eso no es de extrañar que el lema nacional, como se lee en su escudo, sea “Bhinneka Tunggal Ika”, literalmente Unidad en la diversidad. El cuarto país más poblado del mundo se define por un idioma nacional, Bahasa indonesia, hablado de una forma u otra en todas las islas y en convivencia con los idiomas locales, que suman unos 150 o 250 entre los hablados y los escritos. El indonesio en un dialecto estandarizado del idioma malayo y se adoptó tras la independencia de Indonesia en 1945 para unificar el país. En aquél momento, el pueblo indonesio estaba unido contra la colonización así que las medidas de unión eran bienvenidas.

Los primeros años de Independencia estuvieron marcados por el autoritarismo de Sukarno y los enfrentamientos entre distintos grupos militares, lo que convirtió a Indonesia en un país perfecto para el juego de la Guerra Fría: comunista, frágil y con divisiones internas. Estados Unidos lo tuvo fácil para perpetrar un golpe de estado al más puro estilo de la época que fue atribuido en el momento al Partido Comunista Indonesio, PKI (no conforme con algunas medidas de Sukarno), lo que conllevó que el grupo político fuera prohibido y empezara una fuerte campaña anticomunista. Corría el año 1965 y durante tres años se mantuvo una situación de violencia en la que murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Todavía a día de hoy se prohíbe hablar del tema e incluso se censuran eventos públicos sobre este hecho histórico, algo de lo que hemos sido testigos.  Al fin, mientras Europa hervía de revoluciones jóvenes y hippies , en 1968 el general Suharto fue nombrado presidente de Indonesia. Se trataba del jefe del ejército, dirigente del golpe de estado y perpetrador de la tragedia posterior apoyado siempre por Estados Unidos y su anhelo de combatir el comunismo mundial.

Suharto convirtió a Indonesia en un nuevo país capitalista y con el beneplácito de sus nuevos aliados perpetúo crímenes internacionales como la invasión de Timor Oriental, antigua colonia portuguesa en la que se perpetuó un genocidio a base de bombardeos y toneladas de napalm. Se cuentan más de 200.000 víctimas, el 90% de los 850.000 habitantes censados en el momento fueron reinstalados y sólo el 20% de las aldeas permanecieron dónde se hallaban, según narró El País en el momento de la ocupación, 1975. Timor no volvió a ser plenamente independiente hasta 2002 y nadie ha sido llevado ante la justicia por tales actos de violencia. Estados Unidos, bajo el mandato de Nixon y Kissinger, apoyó esta invasión vendiendo armas a Indonesia, a pesar de que no fue aprobada en el seno de Naciones Unidas. Endy Bayuni, periodista del Jakarta Post, nos explica que diplomáticos americanos visitaron a Suharto para planificar la invasión de Timor y le pidieron que lo hiciese una semana después de su visita, para que no se les relacionara directamente. Este tema todavía está vetado a día de hoy y Seno Gumira, periodista especialista en violencia política, nos cuenta como fue apartado de su puesto de redactor jefe por publicar un reportaje sobre Timor en su revista. Por este motivo, se refugió en la ficción y publicó un libro de historia sobre las atrocidades cometidas por militares indonesios que consiguió burlar la censura. Saksi Mata, Testigo presencial, es el título de su obra, disponible en inglés.

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Suharto estuvo en el poder hasta 1998, era en la que empezó lo que en Indonesia se conoce como Reformasi, el inicio de la era democrática. Desde entonces ha habido un par de presidentes, incluyendo 10 años de mandato de S.B Yudhoyono que terminaron el año pasado (2004-2014). Durante esa década, el gobierno firmó algunas de las convenciones de Derechos Humanos más importantes como el Convenio de Derechos Civiles y Políticos y el Convenio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos en 2006. No obstante, a pesar de los avances formales en materia de derechos, los avances de facto no han sido tales y organizaciones internacionales como Amnistía Internacional esperan que sea el nuevo presidente, Joko Widodo más conocido como Yokowi, el que impulse reformas importantes. Un año después de su elección, las esperanzas parecen disminuir, a pesar de que Yokowi es el primero en presidir el país que no tiene un pasado militar y cuya familia no tiene pedigrí. La periodista holandesa Step Vaessen, corresponsal de Al Jazeera en la región, lo define como el presidente de las dos caras: ¨parece más cercano a la juventud, a los artistas, a la cultura… pero no hay que olvidar que es conservador, ultranacionalista y aboga por la pena de muerte¨.

Personalismos aparte, la democracia en Indonesia nace pues con problemas de base muy importantes. Tal y como nos explica Jean Couteau, politólogo experto en Indonesia, Suharto se fue del poder pero él era solo un hombre, el resto del sistema continuó ahí, en el mando o en las sombras del mando, y eso ayuda a entender las características particulares de la democracia indonesia: ¨Abogan por la libertad pero no se pueden tocar la nación, la religión, el ejército o expresar en público ninguna idea de izquierdas, así es aquí la democracia¨, asegura.

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Una democracia llena de tensión. Made Adnyana, balinés experto en violencia política, nos explica que ésta no es aislada ni relativa sólo a la gran matanza de 1965, sino que proliferan en la sociedad actual. ¨La tensión empezó en la década de los 70… se empezaron a saldar cuentas y a devolver injusticias a nivel local. En Indonesia hay dos partidos políticos mayoritarios, Golkar, el partido conservador de la nueva era, y el PKI, el partido comunista. Los pueblos se dividieron en dos, cada parte en apoyo a un grupo, y en 1998, las primeras elecciones de la Reformasi, hubo mucha violencia. Al menos 20 personas murieron en mi región (al norte de Bali)… el PKI vio un espacio para volver después del régimen de Suharto y aumentó su popularidad. Esta tensión todavía se nota en todas las citas electorales¨, explica con atención enumerando múltiples ejemplos y varios asesinatos recientes.

La unidad de Indonesia también está en entredicho y los conflictos separatistas son importantes en el país, como es el caso de la provincia de Aceh, de Papúa o de las islas Malucas. Pero no sólo por regiones tradicionalmente independentistas sino también por tensiones entre algunas islas y las decisiones del poder central. En Jakarta es dónde el órgano de gobierno toma las decisiones que afectan a todo el archipiélago, que como hemos dicho es multiétnico. Esto es de vital importancia puesto que pese a que la Constitución establece la libertad de religión y se reconocen 6 religiones oficiales en el país – el Islam, el Hinduismo, el Confucianismo, el Budismo, el Catolicismo y el Protestantismo (no las animistas a pesar de que los indígenas y/o población autóctona suele profesar este tipo de religión)- , el gobierno central es de carácter musulmán y las leyes suelen ir aparejadas a sus principios morales. Si bien es cierto que la mayoría profesa esta fe, esto crea tensiones en las islas dónde la religión mayoritaria es otra. Por ejemplo, Seno Gumira nos explica como en 2008 se intentó aprobar una ley conocida como Pornography law en la que se prohibían las representaciones de posiciones sexuales, personas desnudas, etc., pero finalmente no se ratificó porque el gobernador de Bali amenazó al gobierno con abandonar Indonesia. Después de pasear por la isla y ver que todo su arte es una oda a la sexualidad y la desnudez, su postura es bastante entendible puesto que se trataba de un ataque a su herencia cultural y tradición artística. Es sólo un ejemplo, asegura Seno, de la fragilidad de la unidad del país.

No obstante, que el Islam sea la religión secular, o que el país no sea uniforme no parece el mayor reto para el bienestar de Indonesia. El problema principal es, más bien, la corrupción. ¨ Necesitamos un aparato legal más justo y fuerte, mejores servicios, etc, etc., pero lo primero es acabar con la corrupción sino ninguna de todas esas mejoras valdrá para nada¨, asegura Galuh Wandita, una de las defensoras de Derechos Humanos más conocida de Indonesia. La corrupción afecta a todos los niveles de la vida indonesia, desde la concesión de licencias a empresas cultivadores de aceite de palma que devastan los bosques, a la inexistencia de juicios legales, el internamiento de personas migrantes en centros de detención, el trato diferenciado en la prisión o un puesto de trabajo como funcionario.

¨ Trabajar como funcionario es un sueño. Son los únicos trabajadores del país que reciben pensión cuándo se jubilan, si están enfermos y no pueden acudir al trabajo les pagan, tienen vacaciones y seguro de salud, es un chollo¨, asegura Arif, un joven biólogo experto en orangutanes que acaba de montar una empresa en Kalimantan. ¨El resto de mortales¨, explica, ¨sólo cobramos si trabajamos y mientras tenemos que ahorrar por si algún día se acaba el trabajo o envejecemos porque nadie nos va a dar nada¨. La situación laboral es espeluznantemente mala en el país, aunque la tasa de desempleo no llega al 7%. Arif es avispado, listo y con recursos pero no todos los jóvenes viven la misma suerte. Las ciudades se ven aglomeradas de personas que han huido de sus pueblos para competir por trabajos mal pagados que dependen del turismo: taxistas, guías, camareros… Un corto paseo por Ubud, la ciudad central de Bali, es suficiente para darse cuenta de que la oferta sobrepasa la demanda de forma exagerada. El grito de taxi o la oferta del masaje se repite cada dos pasos… Como turista, es agobiante. Has dejado de ser todo lo que eras y te has convertido en una cartera andante y lo sabes, pero por desgracia no puedes ser nada más, pues su comida del día depende de ti, y eso también lo sabes. En Indonesia el 40% de la población sobrevive con dos dólares al día, lo que provoca que el trabajo fácil sea la única salida de muchas familias.

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Entre ellos está la prostitución. UNICEF calcula que 100.000 menores y mujeres son víctima de la trata todos los años en el país. La explotación sexual de menores está en ascenso, y un tercio de los trabajadores sexuales son menores de 18 años¨, explican. Entre las causas subyacentes apuntan la pobreza, la falta de oportunidades económicas de los jóvenes, la baja condición social de las niñas, la demanda elevada de sexo comercial, la débil aplicación de la ley, la discriminación y los conflictos armados. Y no sólo de mujeres. Las playas de Kuta, sur de Bali, son conocidas por los gigolós surferos que ofrecen sus músculos bronceados por el sol a mujeres de mediana edad que buscan una aventura sexual. Se conocen como ¨los vaqueros del paraíso¨ y son chicos jóvenes que deciden prostituirse porque se gana una elevada cantidad de dinero. Según narró la prensa en el momento de su estreno, el singapurense Amit Virmani realizó un documental sobre esta situación porque escuchó a un niño de 12 años diciendo que quería trabajar satisfaciendo sexualmente a mujeres japonesas. El documental está disponible online bajo el nombre ¨Cowboys in Paradise¨. En Indonesia también se han reportado casos de adolescentes proxenetas que emplean a sus amigas y conocidas de Facebook en redes de prostitución para ganar dinero.

Ante este panorama, Amnistía Internacional asegura que en Indonesia prevalece la cultura del silencio a la hora de hablar de violaciones de Derechos Humanos en su territorio… ¿Cuáles son las más graves? ¿Qué vulneraciones se siguen produciendo en el país? ¿Tiene Indonesia espacio en la lista de países que avanzan hacia estos derechos o por el contrario existe el riesgo de una radicalización de las políticas que impidan este adelanto?

 

Ahora sí, examinemos Indonesia a fondo.

 

Vulneraciones a la libertad de expresión

En Indonesia la libertad de expresión está garantizada formalmente en la Constitución pero, como en la mayoría de países del mundo, dicha libertad se entiende bajo los límites de lo que es políticamente correcto y ampara sólo las opiniones que por si mismas no necesitan de esa protección. De modo que periodistas, activistas y artistas todavía tienen que buscar la manera de hablar de ciertos temas para no ser encarcelados. ¨ La censura es el mayor problema para la industria cinematográfica nacional, ya que somos uno de esos países del sud este asiático que continua teniendo censura previa¨, nos explica Nia Dinate, una de las directoras de cine más famosas del país. ¨Para que una película pueda ser proyectada en el cine, tiene que ser examinada por la comisión , que ahora es un órgano más militar y religioso que cultural… Cuando pedimos al gobierno que supriman este mecanismo nos dicen que no pueden, porque quieren ser como Hollywood y usar las películas como una arma de guerra fría¨, detalla.

La censura previa, no obstante, sólo se aplica al sector audiovisual, pero no a las publicaciones escritas. ¿Significa eso que en los periódicos existe la libertad de expresión? Seno Gumira lo tiene claro, no, no y no. ¨Mientras antes el gobierno controlaba directamente los medios, como mi caso con Timor Oriental, ahora son las corporaciones quienes hacen este papel, así que es una censura indirecta llevada a cabo por las leyes del mercado¨, asevera. Además, detalla que en Indonesia se sigue sin poder hablar con total impunidad de los militares y sus actuaciones, de Papúa y de los grupos radicales. Como ejemplo, utiliza la prohibición de debatir sobre las cuestiones relativas a la masacre de 1965 en el festival de Lectores y Escritores de Ubud y lo refuerza con la confiscación y posterior quema de la revista estudiantil Lentera, que fue requisada por el Gobierno por sacar a relucir dicho debate en un ejemplar del 15 de octubre con el nombre Salatiga Red City.   Todo esto es posible, en cierta manera, porque a pesar de la libertad de expresión que consagra la constitución, todavía sigue en vigor un decreto de 1966 que prohíbe el marxismo, el leninismo, el Partido Comunista Indonesio y cualquier organización de izquierdas. Aunque fue revisado en 2000, activistas denuncian que sigue utilizándose de forma selectiva para censurar ciertos debates con la justificación de que promueven la expansión del comunismo.

Los activistas son precisamente los primeros damnificados en Indonesia por el uso de su libertad de expresión, sobre todo en las áreas independentistas de Papúa o las Malucas pero no sólo. Amnistía Internacional denuncia que se les encarcela durante 20 años acusados de rebelión en virtud de los artículos del código penal pertenecientes a delitos contra la seguridad del estado, a pesar de que las protestas en las que participan son pacíficas. El caso más emblemático es el del asesinato del activista Munir Said Thalib en el año 2004 durante un vuelo hacia Holanda con la compañía Garuda Indonesia, el equivalente indonesio de Iberia. Munir era uno de los activistas más famosos por su lucha contra la corrupción y había acusado al gobierno (sobre todo a los militares) de dirigir un negocio de tala ilegal de árboles y de tráfico de drogas. Murió envenenado con una dosis de arsénico tres veces superior a la letal y el gobierno indonesio todavía no ha investigado los hechos. Uno de los cables diplomáticos americanos filtrados por WikiLeaks, rebela que el servicio de inteligencia indonesia (BIN) colaboró con la planificación del asesinato.

 

Vulneraciones a la libertad religiosa y ataques a minorías

Amnistía Internacional denuncia un aumento del acoso, la intimidación y los ataques contra minorías religiosas desde el 2003 hasta día de hoy, alimentadas por leyes discriminatorias a nivel local y estatal.

Sobre todo, ponen el acento en la Ley número 1/PNPS/1965 de prevención de abusos a la religión y difamación, más conocida como Ley de la Blasfemia (Undang-Undang Agama), mediante la que se encarcela a personas durante cinco años sólo por haber ejercido de forma pacífica su libertad de pensamiento, consciencia o religión. Este precepto en un país tan diverso como Indonesia, se traduce en un control social de la mayoría que impide a comunidades más minoritarias vivir su religión con dignidad y libertad.

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Para empezar, en el país sólo se reconocen 6 religiones oficiales que hay que declarar y escribir en el documento nacional de identidad, cómo comentábamos en la introducción. Versiones alternativas a estas opciones, así como el ateísmo, están prohibidas y no se consideran amparadas por la libertad de religión o expresión. Leonie y Kiki, dos jóvenes de Pontianak con estudios universitarios, nos explican que ellas nacieron en una familia cristiana y que sus padres, como los de todos los niños, declararon por ellas su religión cristiana. A Leonie se la veía bastante en armonía con el budismo, había hecho meditación en Tailandia y varios voluntariados en templos budistas. Tras una larga conversación, en la que no llegó a reconocer si era cristiana o no, aseguró que aunque quisiera cambiar la religión en su carnet no podría. ¨Aquí no eres de una religión, naces de una religión¨, sentencia. Cualquiera de las 6 oficiales quedan totalmente amparadas en la libertad de expresión y la práctica de sus ritos o tradiciones es totalmente abierta y normal. En una ciudad dominada por las mezquitas como Pontianak, fácilmente puedes encontrar ofrendas hindús delante de las casas, grandes catedrales cristianas con altares dedicados a la virgen, templos taoístas de colores brillantes y bien señalizados, etc. Aunque otras prácticas como el consumo de alcohol quedan monopolizadas por el pensamiento de la religión mayoritaria.

A nivel institucional, resalta el Bakor Pakem, una especie de organismo dentro del Gobierno de Indonesia que se encarga de recibir información sobre las creencias de la sociedad para determinar si éstas pueden desestabilizar el orden público. Tiene oficinas a nivel nacional, provincial y de distritos y está conectado con otras agencias nacionales como la policía, el ejército, el servicio de inteligencia o el ministerio de religión. Pero sobre todo con el Indonesian Ulema Council (MUI), un órgano no gubernamental que tiene incluso más peso que el Bakor Pakem en lo que a la persecución de la blasfemia se refiere. En 2005 empezó a ganar terreno tras recibir el apoyo explícito del entonces presidente Yudhoyono, quien les invito a hacer recomendaciones al propio ejecutivo. Su tarea principal es la de lanzar fatwas o directrices sobre temas que preocupen a los musulmanes indonesios. A pesar de que sus opiniones no son vinculantes en los juicios, tienen mucho poder y se toman en consideración en la esfera social, judicial y política. El caso de Tajul Mulik, un líder chií del este de Java, es un ejemplo de este poder. Tajul fue atacado varias veces por la comunidad suní por enseñar la corriente chií del Islam (más progresista) en el colegio del que era director en el pueblo de Nangkrenang. El y su pueblo sufrieron años de persecución que empezaron en 2006 y terminaron en un ataque brutal el 29 de diciembre de 2011 en el que tuvieron que abandonar sus casas porque 500 personas intentaron agredirles con machetes y piedras. En enero de 2012, el MUI lanzó una fatwa describiendo a Mulik como desviado, hereje. En marzo la policía lo arrestó y lo juzgó por dicho delito establecido en la Ley de Blasfemia.

Esta ley, no obstante, no sólo se aplica a musulmanes ¨desviados¨, sino también a cristianos que no se comportan según el código adecuado. Herison Yohanis Riwu, de 30 años, fue encarcelado por blasfemia en el este de Nusa Tengara en 2012 porque durante la celebración de una misa cristiana no aceptó la ¨hostia¨ en el momento de la comunión según la tradición. Al acabar la misa un miembro de la congregación lo entregó a la policía y fue sentenciado a 7 meses de cárcel que han sido prolongados en 2013.

En el anexo del Informe de Amnistía Internacional sobre la Blasfemia en Indonesia se puede consultar un anexo con todas las personas que la organización ha podido identificar como penadas injustamente por esta ley. Ascienden a un total de 39 entre 2005 y 2013.

La persecución va mucho más allá de la blasfemia y se materializa en hechos como que las autoridades locales no dejen abrir o reconstruir lugares de culto a pesar de haber sentencias que dan la razón a las comunidades minoritarias. Su único argumento es que afectan a la armonía religiosa de sus localidades. Algunos ejemplos son los de la comunidad cristiana de Bogor, Gereja Kristen Indonesia o la Comunidad protestante de Bekasi, la Filadelfia Batak Protestant Church. Una práctica bastante desproporcionada si tenemos en cuenta que el canto de las mezquitas suena al menos 5 veces al día llamando a los musulmanes a rezar, con una intensidad y volumen que fácilmente altera toda armonía.

Bromas aparte, las comunidades más perseguidas siguen siendo las consideradas como desviaciones del Islam. Los ahmadías, por ejemplo, una rama del Islam fundada en 1889 en la India que destaca los elementos tolerantes y pacíficos de la religión musulmana, está totalmente perseguida por herejía. En 2008 un decreto ministerial (3/2008) les prohibió promover sus actividades y enseñar sus preceptos religiosos, una legislación que muchos grupos islámicos radicales han usado para atacar a esta minoría, que no sólo recibe ataques en Indonesia, sino también en Pakistán y Bangladés. La comunidad chiita, con el caso de Tajul Muluk, es otro ejemplo. Todo su pueblo fue atacado y alojado temporalmente en un polideportivo de Sampang, en el que vivieron hasta que en Junio de 2013 fueron obligados por las autoridades locales de este pueblo a dejar el techo provisional. Fueron acogidos a cuatro horas de distancia desde sus casas, no saben cuánto tiempo permanecerán allí ni si algún día recibirán protección, comida o educación de parte del gobierno, que continúa diciendo que solucionará el problema.

Para Jean Couteau, los aspectos religiosos se están convirtiendo en algo de vital importancia a la hora de conformar la identidad de los indonesios, ¨ algo que no solía ser tan central¨. Explica que está teniendo lugar un cambio social que no es sobre el hecho religioso en sí, sino ¨una patología del Islam moderno que propone la construcción de la identidad a través de la religión y no de la ciudadanía¨, y que puede derivar en graves consecuencias si no se toman las medidas adecuadas desde el gobierno, alerta.

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Vulneraciones de personas migrantes y refugiados

 Si la conocida como crisis de refugiados está siendo un problema en territorio europeo, el sureste asiático no queda exento de controversia, e Indonesia mucho menos. El país no ha firmado la Convención de Ginebra de 1951 que regula el derecho de asilo y refugio a nivel internacional y por tanto no tiene obligaciones legales para con las personas que llegan a sus costas, al menos, obligaciones formales. Por ello, los refugiados reciben el mismo trato que cualquier persona que intenta entrar al país de forma clandestina y se enfrentan a detenciones y largas estancias en los Centros de Detención indonesios, el equivalente a los Centros de Internamientos de Extranjeros españoles.

Muchas personas llegan a Indonesia como destino de paso para llegar a Australia y buscar un futuro mejor. Los que huyen porque peligra su integridad física tienen la posibilidad de registrarse en las oficinas de ACNUR y recibir, si así se decide, una especie de asilo mediante el que el Alto Comisionado de Naciones Unidas se compromete a buscar un tercer país que le acoja. Esta práctica conlleva que muchos migrantes pasen años en condiciones precarias a la espera del realojo sin poder trabajar ni ir al colegio y sin siquiera residir en Indonesia legalmente, por lo que se enfrentan a la detención e internamiento de igual forma que si no estuviesen reconocidos por ACNUR. Este es el caso, por ejemplo, de los 120 de Pekanbaru, que el pasado mes de octubre iniciaron una huelga de hambre para pedir que se acelerara el proceso de realojo ya que sus vidas y las de sus familias están a la espera. Se trata de personas que huyen de de Afghanistan, Pakistan, Somalia, Sudan y Birmania.

Australia ha endurecido su política hacia estos refugiados y aunque solía acoger cada año a 600 asilados registrados en Indonesia, ha reducido la cuota a 450. Además, ha quedado probado que en junio de este mismo año pagó a traficantes de personas para devolver un barco que había llegado a sus costas a la vecina Indonesia. El gobierno Indonesio no mejora la situación. No provee ningún servicio a estas personas, que dependen totalmente de ACNUR y de la ayuda que reciben de sus familias desde sus países de origen.

Por ello, son muchos los que deciden lanzarse al mar y buscarse un futuro lejos de los trámites burocráticos, poniéndose en manos de traficantes que probablemente les habían ayudado con anterioridad a llegar hasta el país archipiélago. El camino más habitual es el de intentar alcanzar por mar la isla de Christmas, Australia, desde la localidad de Pelabuhan Ratu, al sur de Java. Muchas embarcaciones naufragan y los muertos se cuentan por cientos, aunque no se saben cifras exactas. La última tragedia ocurrió el pasado agosto cuándo 150 personas naufragaron en este trayecto. Sólo 55 fueron rescatadas con vida ya que el fuerte oleaje y la presencia de tiburones dificultan la supervivencia.

 A día de hoy, son 13.000 las personas registradas por ACNUR Indonesia como refugiados que siguen a la espera de que algún país les acoja para poder continuar con sus vidas.

 

Vulneración de la tutela judicial efectiva: la pena de muerte y el pobre aparato legal

 Tras una moratoria de 4 años, Indonesia retomó las ejecuciones por pena de muerte en marzo de 2013. El nuevo presidente Jokowi decidió continuar con dicha práctica y durante 2015 un total de 14 personas han sido fusiladas, todas ellas condenadas por tráfico de drogas. Según Amnistía Internacional, 131 personas siguen todavía en el corredor de la muerte, a la espera de su día final.

 Más allá de la pena de muerte¨, explica Patrick Burgess, trabajador de Naciones Unidas, ¨el problema de Indonesia es que la mayoría de personas sentenciadas con esta pena no han gozado de un juicio justo ni de una representación legal adecuada… si le añades que la mayoría de confesiones se obtienen mediante tortura tenemos un sistema legal pobre y sin garantías que se torna un problema endémico para el país¨. Según datos ofrecidos por el abogado, que trabaja codo con codo con los acusados del país, el 95% de los sentenciados a pena de muerte no tuvieron asistencia legal y el 86% declara torturas en dependencias policiales, unas cifras muy elevadas para no tomarlas como evidencia de un problema grave.

Galuh Wandita añade a esta ecuación el problema de los juicios corruptos. ¨Cuando tienes un sistema endémicamente corrupto, no vas a tener un juicio justo jamás, así que esa es la primera cosa que hay que cambiar para que los juicios no se lleven a cabo bajo premisas corruptas¨, asegura.

Además, continúa la activista, la pena de muerte tiene múltiples aristas y se presenta también como un problema de doble filo. ¿Cómo puede el estado indonesio proteger a sus nacionales en el extranjero de la muerte sino lo hace en su territorio?. Wandita asegura que ¨al menos cien personas migrantes de Indonesia están condenadas a muerte en Australia, Singapur, etc., pero no se les puede proteger porque pueden ser ejecutados en su propio país¨.

Tras una charla disternida sobre la pena de muerte, su aceptación social en Indonesia y el papel del nuevo presidente en este debate, sale a relucir una crítica a la comunidad internacional, ya que según denuncian sólo se preocupa de las ejecuciones cuándo atañen a extranjeros de primera clase, es decir, occidentales. Como es el caso de Andrew y Myuran, dos australianos en sus treinta acusados de dirigir un red de tráfico de heroína que coparon las portadas de los mayores periódicos del mundo. ¨Los australianos y toda la prensa internacional se volcó en el caso de estos dos jóvenes, cosa que entiendo perfectamente, pero no reparó en que es el drama de muchas otras personas que no reciben ninguna atención¨, lamenta Wandita. Andrew y Myuran fueron fusilados en abril de este año, junto a un brasileño, un ghanés, tres nigerianos y un indonesio, que no merecieron un espacio en primera página.

Aseguran, no obstante, que la sociedad indonesia necesita más tiempo para tener un debate profundo sobre la pena de muerte. Patrick explica que ¨les han educado con su eficacia y si no se les ofrece otra alternativa la seguirán apoyando como el mejor método para terminar con los traficantes¨. En este último año, el ministerio de Derechos Humanos del país ha dicho públicamente que está en contra de la pena de muerte, un hecho que ambos consideran relevante a nivel simbólico. No obstante, denuncian que dicha pena es solo la parte más visible de un modelo de justicia que, lejos de basarse en la rehabilitación o reinserción, sigue siendo un modelo restrictivo, punitivo, militar y corrupto.

Vulneración de derechos de mujeres y niñas

 Una de las primeras convenciones internacionales que firmó el estado indonesio fue la Convención Contra todo tipo de discriminación hacia las mujeres, conocida por sus siglas en inglés como la CEDAW. Indonesia la firmo y ratificó en 1984 e incluso aprobó una ley que desarrolla su contenido. No obstante, a pesar de que no existe una discriminación exagerada como en algunos países musulmanes más radicales y se puede observar a mujeres realizando cualquier tipo de trabajo (incluyendo policía, maestras de universidad, obreras, taxistas o doctoras), todavía se vulneran sus derechos de forma legal y práctica. ¨Las mujeres tienen que enfrentarse a barreras legales y prácticas que les inhabilitan del uso y ejercicio de sus derechos humanos al completo¨, asegura Amnistía Internacional.

En el plano práctico, todavía hay muchas normas sociales que conciernen al género femenino. Por ejemplo, aunque no está prohibido que las mujeres fumen tabaco, rara vez lo harán y menos en público, o serían consideradas prostitutas. Arif nos explica que ¨normalmente las mujeres no fuman, sólo mascan un poco de tabaco con lima y menta para mantener los dientes limpios, pero fumar no¨. Como contraste, ¡los hombres indonesios suelen fumarse más de un paquete al día!

Además, la virginidad de las mujeres sigue siendo un valor al alza a la hora de contraer matrimonio y las familias presionan a las jóvenes para que no tengan relaciones sexuales más que con su marido. En una charla sostenida bajo el título ¨Virgen o puta¨ en el Festival de Escritores y Lectores de Ubud, Ayu Utami, indonesia, explica la dificultad social que supone romper con la percepción de que por no ser virgen no se es una prostituta. ¨Parece mentira, en los libros de consejos para amas de casa holandesas solían aconsejar que no dejaran a los niños solos con los criados, porque los indonesios se masturbaban a una edad muy temprana… ¿qué nos ha pasado con el sexo? ¿les pasamos toda esa libertad a los holandeses?¨, asegura entre risas mientras critica que las mujeres no pueden hablar de sexo en público. No obstante, parece que desde la Reformasi las mujeres han ido ganando derechos e incluso se ha aprobado recientemente una Ley para la violencia de género, aunque no contempla la violación dentro del matrimonio como un delito.

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Los derechos sexuales y de salud reproductiva son temas completamente tabú. En Indonesia se pueden comprar preservativos (aunque muy caros comparados con el resto de precios) pero métodos anticonceptivos como el anillo NUVARING no se encuentran en ninguna farmacia, al menos, por experiencia de varias turistas. Un intento de comprar tampones evidencia que su precio es tan elevado que siquiera es accesible para una estudiante occidental en ruta por el país… ¿Con qué presupuesto va a comprarlo una joven indonesia? Además, según el Informe Sin elección de Amnistía Internacional, se restringe el acceso a la contracepción para niñas y mujeres solteras. También denuncia que se requiere por ley el consentimiento del marido para acceder a métodos anticonceptivos o incluso al aborto en caso de que la vida de la madre corra peligro. El aborto solo es legal en Indonesia si el embarazo es fruto de una violación o alguna de las vidas corre peligro, aunque ambos casos se llevan con dificultad en la práctica.

Otras formas de discriminación hacia las mujeres incluyen por ejemplo la diferencia de edad legal para contraer matrimonio; que en los chicos es de 19 años mientras en las chicas de 16. A efectos prácticos se traduce en infinidad de matrimonios concertados en zonas rurales o pobres, en los que muchas veces se vende a la hija por prestigio o supervivencia. La ONG Human Rights Watch denunció en Noviembre del año pasado que el gobierno de Indonesia exige que las mujeres que se postulan a la Policía Nacional deben someterse a pruebas de viriginidad, que, según indican, implican que un doctor generalmente hombre introduzca un pañuelo en la vagina de la mujer para comprobar si tiene o no el himen roto. Motivo por el que las mujeres casadas no pueden postularse para policía.

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A pesar de que estas y otras leyes estatales y autonómicas afectan y explicitan esta discriminación, es particularmente en la provincia de Aceh dónde más se vulneran los derechos de niñas y mujeres. Esta región del Norte de Sumatra se ha armado con un ejército propio y quiere declarar su independencia del gobierno central. Ha adoptado la Sharia (ley islámica) como código penal e insertado la pena de latigazos para delitos como consumir alcohol o estar a solas con una persona de diferente sexo no casada. Esta ley es particularmente dura con las mujeres, a las que prohíbe salir de casa más tarde de las once de la noche para evitar abusos , les obliga a llevar el velo o hijab, tener sexo con hombres fuera del matrimonio o ir detrás en la moto de un conductor hombre no casado.

Así pues, aunque cada vez son más las mujeres que van a la universidad y buscan una vida fuera del patriarcado tradicional, en Indonesia sigue predominando el dicho popular ¨Sumur, Dapur, Kasur ¨, o lo que es lo mismo, la mujer ¨al pozo, a la cocina y a la cama¨.

 

Vulneración de la prohibición de Tortura y malos tratos

 Activistas de Derechos Humanos denuncian las malas prácticas de la policía indonesia en relación al trato de detenidos y reclusos. Amnistía Internacional en particular continúa recibiendo informes sobre asesinatos injustos, uso innecesario de la fuerza y tortura y tratos inhumanos y degradantes durante el arresto y la interrogación. Aunque esta práctica es generalizable a todos los ciudadanos indonesios, es particularmente grave en las zonas independentistas como Papúa, en las que las fuerzas de seguridad no distinguen entre grupos armados y activistas pacíficos. La situación es tal que algunos defensores de derechos califican los actos de dichas fuerzas indonesias como crímenes contra la humanidad aunque es difícil acceder a datos no oficiales ya que el acceso a periodistas u observadores internacionales está vetado. En la provincia de Aceh, 139 personas fueron castigadas entre 2010 y 2013 recibiendo latigazos en público por el mero hecho de cometer adulterio o consumir alcohol en público.

Esta situación empeora con la falta de un sistema de quejas independiente y eficaz que permita a los ciudadanos reportar estos casos y denunciarlos. Aunque existen organismos como la Comisión Nacional de Derechos humanos (Komnas HAM)o el defensor del pueblo (Kompolnas), estas quejas se tramitan a través de la Policía Nacional, que decide cuáles merecen una investigación a fondo.

Impunidad

 En línea con el pobre sistema legal y el estatus social del ejército, todas estas vulneraciones quedan impunes en Indonesia, tanto las de menor como las de mayor rango, a pesar de que algunas de ellas podrían calificarse fácilmente como crímenes internacionales y/o masivas vulneraciones de derechos humanos. Las desapariciones forzadas de 1997 y 1998 en las que 13 activistas desaparecieron sin rastro y cuyas familias todavía no saben nada, la violencia sistemática y tenaz hacia los timorenses, los crímenes realizados por Suharto en la provincia de Aceh, entre los que se incluyen 2.000 asesinatos, torturas y violaciones, la mencionada matanza de 1965 y la violencia hacia los papúes son algunos de los crímenes que si bien se cometieron (algunos) hace años, continúan teniendo consecuencias para los habitantes de dichas regiones que jamás han obtenido justicia ni reparación. A fecha de hoy, todas las violaciones perpetradas por las fuerzas de seguridad y por consiguiente el Estado de Indonesia siguen sin juzgar y si quiera existe sobre ellas una versión oficial.

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Así, organizaciones como Amnistía Internacional recomiendan al nuevo gobierno de Yokowi que tome una serie de medidas para poder mejorar la calidad de vida del archipiélago paraíso que podría ser todo y se queda a mitad camino. Piden que: se lleve a la justicia a las fuerzas de seguridad por violaciones del derecho, que se respete la libertad de pensamiento, consciencia y religión, que se materialice la libertad de expresión y se proteja a los activistas de derechos humanos, que se termine con la impunidad, se eleven los derechos de mujeres y niñas, se respete a los papúes y se prohíba la pena de muerte. En las manos de esta coalición conservadora está el futuro de una democracia que todavía está por florecer. Manos a la obra.

 

A los ignorantes los aventajan los que leen libros. A Éstos, los que retienen lo leído. A Éstos, los que comprenden lo leído. A Éstos, los que se ponen manos a la obra (Proverbio hindú)

 

 

 

 

 

 

 

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2 thoughts on “INDONESIA A FONDO, política y derechos humanos

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