Curiosidades y realidades de Tailandia

Viajar por un país no es sólo ir a visitar sus rincones más bonitos o comer buena comida. Lo que más nos gusta de viajar, de hecho, es todo aquello que aprendes de camino a esas cosas que hay que ver o a ese mercado al que todo el mundo recomienda ir.  Si la gente se baña con agua caliente, qué animales come, qué ritmo de vida lleva,cómo se divierte. En este post os dejamos todas esas curiosidades, costumbres y cosas divertidas que nos han llamado la atención de los tailandeses… Si habéis estado por estos lares y queréis criticar o añadir alguna cuestión, no dudéis en hacerlo.

1, 2, 3… dentro Tailandia!

 Fumar banana: El tabaco tailandés se fuma enrollado en hoja de banana seca, tanto en el norte del país como en el sur. En realidad, el único lugar en que no lo hemos encontrado es Bangkok. En el sur del país lo fumaban como cigarrillos de liar corrientes, pero en el norte lo fuman como grandes puros en forma de trompeta, que pueden durar toda una tarde entera.

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¿Cómo pueden dormir así?: Cada dos por tres, nos asalta está pregunta. Y es que los tailandeses pueden dormir en cualquier sitio, sin peros ni objeciones. Es fácil encontrar a alguien durmiendo en su tuk-tuk, o en las escaleras del metro, en un banco, en una acera con la cabeza en el bordillo… Hasta gente bastante mayor en la más difícil de las posturas! “Voy a tumbarme aquí un rato…Ui, que cómodo se está…tal vez cierre los ojos un poco. Bien visto, tal vez mañana repita”.

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 Hogueras por tooodo: Como en el resto de países que hemos visitado en Asia, sorprende ver que al caer la noche las calles, los patios y jardines de las casas se llenan de hogueras. Con éstas se quema la basura del día, de la semana, se hace una barbacoa o un círculo alrededor para beber whisky y conversar.

Muy abiertos con la comunidad LGTBI: Tailandia es famosa por la gran cantidad de transexuales que existen, lo que aquí llaman Lady boys, y sobre todo, por la aceptación de la homosexualidad y la transexualidad. A pesar de que este colectivo sufre discriminaciones como no poder acceder a las fuerzas armadas, en Tailandia el matrimonio entre distintos géneros está aceptado sin peros y existe una especie de tercer género para abarcar a aquellos que no se sientan ni hombres ni mujeres que se refleja hasta en el idioma.

Mesas sillas: Hay muchas mesas que son a la vez sillas y lugar para todo tipo de trabajos y conversaciones. Se trata de unas plataformas bajitas en forma de mesa sobre las que los tailandeses se sientan o se tumban cómodamente (para la mayoría de personas occidentales no es tan cómodo, pero ellos pasan horas en la posición del loto, sobre sus piernas, o en cuclillas…) para pelar ajos, tejer, tomar café…

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Tailandia y su veneración al rey: En las poblaciones de Tailandia, una vez a las 8 de la mañana y otra a las 6 de la tarde puede escucharse el himno real. Es el himno del rey, ni siquiera el de la nación, pero todas las actividades paran por unos minutos (el trabajo, las conversaciones) y las personas se levantan en silencio para mostrar su respeto al monarca, cuya figura, para ellas, se asemeja a un padre de familia. En una ocasión, al sonar el himno en la estación de tren, un militar exigió a una señora que pedía limosnas en la calle que se levantase para mostrar respeto. Al hacerlo, el soldado le dio algo de dinero.

En los cines, antes de cada película, ponen un vídeo en el que también se escucha el himno real mientras se suceden una serie de fotografías con algunos episodios de la vida pública del rey. Su estilo es de pura propaganda, como puede verse. Al inicio del vídeo unos letreros en inglés hacen saber a los turistas que ellos también deben levantarse de los asientos para mostrar sus respetos. Está un poco movido, moni style, porque en los cines no está permitido grabar.

Por todas las calles y carreteras también se sucede la propaganda institucional monárquica, con diversas imágenes entrañables y banderas amarillas, el color del rey. Así el Estado tailandés nos bombardea constantemente, de forma paranoica y casi maníaca, en distintos formatos, con propaganda que recuerda la tradición y la unidad de la nación. Además, en casi todos los restaurantes, las fotografías del rey y su familia son un elemento decorativo más.

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Bolsas, bolsas y más bolsas de plástico: En las compras, cada mercancía puede ir en una bolsa distinta, después todo dentro de una bolsa más grande y, a veces, todavía dentro de otra “para reforzar”. Constantemente nos movemos diciendo “no, no, con una tenemos suficiente”, “no, gracias”, pero cuesta hacerlo entender y, aún así, cuando te despistas estás cargando dos o tres bolsas más de las que en realidad necesitas (habitualmente una o ninguna).

Mujeres no, gracias: Desgraciadamente, como en muchos otros lugares, en un gran número de templos y lugares sagrados de Tailandia no se permite la entrada a las mujeres. El budismo aquí es muy cerrado y tradicionalista, y está lleno de normas y prohibiciones desiguales para las mujeres. Diversos carteles repartidos por estas zonas les recuerdan que deben “vestir decentemente” o, sencillamente, que tienen la entrada prohibida.

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Pollos voladores: Los gallos y las gallinas de aquí, en contraste con los europeos, sí pueden volar. Y lo hacen con soltura, para sortear vallas y arbustos, desplazarse más rápido… Esto nos sorprendió muchísimo, desde que una vez encontramos a toda una familia subidos a unas ramas altas de un árbol vertical, que jamás podrían haber escalado, preparándose para pasar la noche. Las gentes de Tailandia nos confirmaron esta habilidad, y más tarde lo hemos podido comprobar por nosotros mismos, con divertida consternación, en diversas ocasiones. “¡Mira, vuela, ha vuelto a volar!”

Sobredosis de azúcar: En la cocina tailandesa no hay sal. Todo lo cocinan con grandes dosis de azúcar. A veces tanta, que a pesar de los chilis súper picantes y de la gran cantidad de ajos que usan en los platos, sólo consigues notar una dulzor empalagosa que se extiende no sólo a las comidas sino a las bebidas. Y por si no tienes suficiente, en la mesa de cualquier establecimiento tienes a tu disposición tarritos con más azúcar, generalmente moreno…¡Cómo si te hiciese falta! Además, por supuesto, también tienes más tarritos con chili, salsa de chili, salsa de pescado con chili… Curiosamente, el único plato que acompañan con sal es el único que nosotros jamás comeríamos de esa manera… ¡las fresas!

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Agua y verduritas gratis: En muchos establecimientos disponen en las mesas de jarras de agua gratuitas, acompañadas con unos vasos de plástico con hielos que te sirven al sentarte. Parece que lo de “no les niegues agua ni a tus enemigos” aquí se lo toman al pie de la letra, pues también existen unas máquinas por las calles en las que puedes rellenar tus botellas de agua por 1 baht (39 baht  es aprox. un euro). Puestos a regalar, y especialmente en el sur del país, es típico que te den una ensalada de pepinos, judías verdes crudas y lechuga para acompañar la comida. En una ocasión, incluso nos pusieron unas flores moradas que estaban buenísimas! (Era de noche y en la foto no se aprecia mucho, pero son esas cositas de ahí abajo!)

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Té brillante: El té tailandés es de color naranja fosforescente. Y sabe a té, sencillamente. Y si te despistas, por supuesto, suele llevar grandes cantidades de azúcar o leche condensada, o ambos.

¿Cosas fritas o fideos fritos?: El idioma… es difícil. Tiene sus raíces en las lenguas chinas, y su escritura y muchas de sus formas provienen de lenguas de la India, como el sánscrito antiguo. Al contrario de lo que ocurre con los idiomas malasio e indonesio, que se escriben utilizando nuestro mismo abecedario, el abecedario tailandés es extraño y complicado, así que aprender el idioma por comparación y repetición, por ejemplo observando los menús o los carteles en las calles, se hace muy difícil. Las palabras pueden cambiar totalmente según la forma de pronunciar las vocales o la entonación y el ritmo que se les dé. Así muchas veces no entienden lo que pides en un restaurante, y pese a que tu piensas que has pedido un “ pad thai” (fideos fritos con verduras) ellos entienden que has pedido un “pad tao” (cosas fritas). Así que te puedes esperar cualquier cosa.

¿Estoy en el cine o en un museo? : Los dos cines que hemos visitado, en Bangkok y en Chiang Mai, parecían ser la entrada al mejor de los palacios de lujo. Una moqueta granate cubre el suelo, las lámparas son de cristal al más puro estilo rococó y los sillones están forrados con terciopelo rojo y decorados con borlas doradas.

¿Cenamos en el mercado?: Si has estado de viaje por Tailandia seguro que te has visto más de una vez corriendo directo al mercado a por algo de comer. Y es que los mercados tailandeses son el mejor restaurante para conocer el país! Quizás al principio te cuesta soltarte y vas a lo seguro, un pad thai y nada de eso raro que no veo lo que es,  pero luego se abren ante ti los miles de puestos de comida buenísima y las miles de combinaciones posibles!

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Las moto cocina, las moto coche y el tuk-tuk: Como en toda Asia, la moto es un vehículo fundamental. Una familia entera cabe en una sola y no les supone un problema llevar a tres o cuatro personas en la misma moto, con sus equipajes incluidos, claro. Incluso Zach, un amigo francés que vive aquí cinco años, nos llevo a la estación de bus de esa manera. Además, una moto, al igual que en todos los países que hemos visitado, es un modo de vida. En ella cabe una cocina, un tenderete para poner por la noche, el baúl de los helados…

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(si miráis bien veréis que hay cuatro personas en la moto, nosotros sólo cabemos tres y los trastos..)

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Y la novedad de Tailandia, un vagón de pasajeros. Son los famosos tuk-tuk, una moto con una cabina detrás que hace de taxi. Aunque parece que sólo hay sitio para dos o tres, hemos visto como caben al menos 6 personas! Algunos parecen una feria ambulante, lleno de luces, música y colores estridentes.

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Ritual para comer: Si observas como comen los tailandeses en los bares o en sus familias, ves que se parece mucho a como lo hacemos nosotros en los bares, al estilo tapas. Varios platos en el medio y todos comparten. No obstante, si lo del cuchillo para la carne o el pescado te parece complicado, aquí las posibilidades de cagarla con el protocolo de la cubertería son del cien por cien! Los tailandeses comen los noodle con palillos, la sopa con una cucharita pequeña metálica que también vimos en Malasia, el sticky rice con la mano y el resto con cuchara normal y tenedor. Como es normal por estos lares, nunca jamás con cuchillo.

Ritual para beber: Y por supuesto, también existe el protocolo de la bebida. Cuando se reúnen para tomar alcohol, es tradición que el más mayor ponga el dinero para la bebida y el o a la más joven sirva siempre que ve un vaso vacío. Además, un tailandés te dirá que no quiere más whisky, pero en realidad quiere que le rellenes el vaso tantas veces como lo creas conveniente!

Comer bichos y cocinar arroz dentro del bambú: Comen y utilizan todo lo que la naturaleza les ofrece. Probablemente nosotros también solíamos hacerlo pero sorprende como utilizan el bambú para cocinar, la hoja de banana como plato, las hierbas de la montaña como medicina local, la flor de la banana a modo de alcachofa hervida, los bichos crujientes, el bambú como vaso… o los escorpiones como un manjar!

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Turismo sexual y conservadurismo, la extraña dicotomía: Algunas mujeres, aunque no son musulmanas, se cubren la cabeza para evitar el frío, la suciedad en el pelo o mostrar que están casadas. La diferencia entre la vida de muchas mujeres y la supuesta abertura sexual del país es una constante que da que pensar. Mientras Tailandia se sitúa tristemente en el top ten de turistas que buscan satisfacerse sexualmente (se organizan, por muy increíble que parezca, viajes organizados a los mejores burdeles, al mejor bar de mamadas, a la zona más barata para realizar sexo anal..) y la prostitución sigue siendo una salida para muchas mujeres de zonas pobres que se exhiben en los bares a la espera de cazar un ricachón occidental que las invite a cenar y les compre algo caro, las mujeres tailandesas ni siquiera nadan con bañador en el mar o el lago, como hemos visto un par de veces. Se calcula que en Tailandia existen alrededor de 100.000 personas dedicadas a la prostitución, una cifra reducida comparada con los más de dos millones que la ejercían en los 80, pero aún así, preocupante. Es curioso que en tailandés la palabra prostituta significa literalmente “las que buscan para comer” (phouyng hakin) y que supuestamente que los hombres acudan a una prostituta con frecuencia no está del todo mal visto. Los monjes, sin embargo, no pueden tocar a las mujeres, posar a su lado en una fotografía o aceptar una ofrenda directamente de sus manos.

Pequeños pero matones: Esta frase tan recurrida define muy bien la fisionomía y carácter de los tailandeses. Son gente por lo general bastante pequeña, tanto hombres como mujeres, pero a pesar de eso tienen unas manos, unos brazos y un carácter de hierro. Hemos visto a mujeres menuditas cortar y cargar bambú con una rapidez asombrosa y apretar la espalda con sus manos con una fuerza dolorosa.

¡Los autobuses nunca van lo suficientemente llenos! Quién dijo dónde caben 2… caben 3, no conoce Tailandia. Por lo menos, y así a ojo, caben 15 o 16, sobre todo cuando se trata de ir en autobús. Tailandia es un desafío para el que tus horas jugando al tetris no te servirán, aquí caben pasajeros y mercancía en el techo, en los asientos, de pie, sentado en el suelo o colgando de una barrita pequeña en la parte trasera del bus. (Que conste que en el momento de la foto acabábamos de descargar y la mitad de las personas ya estábamos abajo, entre ellas, nosotros).

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Chanclas a tutiplén: Si las chanclas y los calcetines son un hit del guiri en España, los tailandeses no se quedan atrás. Son los reyes de las chanclas! Las llevan para salir a recoger bambú por la montaña, para escalar las piedras, para dar un paseo o trabajar. Muy pocas veces se ve un tailandés con otro tipo de calzado. Y si son de plástico, de dedo y con un poquito de plataforma, mejor. También es de entender, puesto que es necesario descalzarse para entrar en casi todas las tiendas, casas y templos, así, bueno, es más cómodo.

Yo quiero un 9: El 9 es el número de la buena suerte y los tailandeses se pueden pelear por conseguir un número de matricula un número de teléfono o un boleto de la lotería, juego que al igual que en España es súper popular, que lo contenga.

Señalar con los pies es de mala educación: Lo que en España nos dicen las madres sobre señalar con el dedo, en Tailandia es algo parecido a apuntar con los pies, un gesto considerado de poco respeto. Y ante Buda muchísimo más! Cuando entras a un templo y te sientas, tienes que intentar hacerlo de rodillas y sin apuntar con los pies al frente. Una vez consultando un cartel en un bar señalamos con los pies lo que queríamos pedir, porque estaba en el suelo, y el señor propietario se encargó de recordarnos que eso no lo volviéramos hacer… oído cocina!

Cuando se trata de festejar, cualquier idea es buena: En Tailandia parecen muy abiertos a la hora de acoger tradiciones de todas partes. Celebran las navidades o el año nuevo cristiano o chino o el Deepavali indio con alegría y entusiasmo, sin pensar que “pierden su cultura tailandesa o su pureza”, como nos pasaría a nosotros si durante Ramadán, por ejemplo, las calles se inundaran de carteles de Feliz Ramadán. Ni si quiera tienen una canción para cumpleaños feliz en su idioma, la cantan en inglés y ni siquiera se han molestado en traducirla. Al fin y al cabo, en lo referente a las fiestas, todo vale! Para nosotros, creo, este principio solo aplica si la fiesta es Occidental, como Halloween o la Octoberfest.

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Letreros con humor: El país está cubierto de señales y carteles muy divertidas y graciosas. Algunas te informan de que la policía es tu amiga, otras están decoradas con un corazón y otras te piden, por ejemplo en los baños, que “durante tu momento individual, no manches demasiado”.

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Más allá del arroz: La comida más típica típica es el arroz. Arroz para desayunar, arroz de postre en bambú, con leche de coco o mango, arroz para comer con verduras o cualquier cosa que se tenga a mano… Pero también cocinan unos curris deliciosos, como el curri verde o el Kao Soi, unas ensaladas para morirse, como la de papaya, y unos fideos fritos que enganchan, como el pad thai, con lima y cacahuete…Estos últimos son los más famosos para los turistas.

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Sencillez en la cocina: Los tailandeses no necesitan prácticamente nada para montarse un restaurante. Todo parece improvisado pero es un sitio que estará allí todos los días. Un par de palanganas para fregar los platos, una bombona de gas para la plancha, una barbacoa, algunas sillas de plástico … et voilá!

Nidos de luz: Los cables de la luz , tanto en ciudades grandes como Bangkok como en los pueblos más pequeños, son una cosa admirable por sí sola… En Indonesia ya vimos varios de estos entresijos, pero en Tailandia, qué decir… ¡se les ha ido completamente de las manos!

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Higiene ante todo: Los Tailandeses usan mascarillas para la más dispar de las labores. Desde hacer un tatuaje, a cortar el pelo, a venderte un crepe de coco o un boleto de lotería.

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Calentador a la última: En el caso de que te encuentres un lugar con ducha caliente, siempre tendrá una especie de maquinita eléctrica que a veces funciona y otras no. Aquí no hay calentadores como los que tenemos en España y la verdad es que no parece que en las casas particulares usen agua caliente. Una vez en Chiang Mai un señor con el pelo largo (en Tailandia hay muchos) nos dijo que llevaba 5 días sin lavárselo porque hacía tanto frío que cuando pasara la lluvia ya lo haría. Y es que la ducha fría con 30 grados no te importa, pero con menos de diez, como era el caso… hum, es otra historia.

No se admiten durians: En Tailandia hay miles de frutas buenísimas y baratas que saben de maravilla y copan los mercados (algunas extrañas como la fruta dragón, la manzana-pimiento o una especie de cebolla-manzana que llaman el extranjero, farang), pero concretamente con una, no te dejarán entrar en algunos hostales o edificios públicos. Al igual que en las vecina Malasia, el durian sabe de maravilla pero su olor es… bueno, característico. Tanto que es el protagonista en señales de prohibido por todo el país, incluso en el metro de Bangkok!!

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Nervio puro: Los tailandeses sonríen mucho y son gente amable. Normalmente, y según nuestra experiencia, nunca te timan con los precios ni con lo que te ofrecen, lo que es para turistas es más caro, claro, pero eso ya lo sabes. No obstante, se ponen nerviosos con facilidad, les gusta apresurarte para subir al autobús, cogerte la mochila y subírtela al tuk-tuk sin escuchar nada de lo que le dices y sin importar si solo le estás preguntando qué hora es. Pocas veces te dejan pensar si quieres ir a este sitio o a esta hora y hasta en los bares te dejan en el menú y se quedan de pie en la mesa hasta que les dices lo que quieres. Te hablan, te cogen, te llevan de un sitio para otro aunque no hayan entendido nada de lo que les has dicho o pedido. Nuestra conclusión… no saben esperar. Tal vez sí que necesiten alguna ayuda de Buda en este sentido.

Como en Carnestoltes, cada día, un color: En Tailandia cada día de la semana tiene un color, y según la tradición popular, si quieres tener buena suerte sólo has de vestirte según el día que sea. Además, según tu fecha de nacimiento, cada persona es un color. Por ejemplo, el del rey es amarillo, porque nació lunes, y se usa como su símbolo. Sólo nos acordamos de que el viernes es azul y el sábado violeta. El blanco se usa para celebraciones en el templo y el negro, como en España, para los funerales.

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