Los Shan y la historia política de Birmania: guerra, corrupción e impunidad

Sesenta kilómetros y tres días de ruta por sus montañas no son suficientes para entender el conflicto de la tierra de los Shan, en Birmania, pero tantas horas de preguntas y respuestas con el guía local ayudan a ver las cosas de otra manera, a entender la presencia de cientos de soldados, el alcance de una de las guerras civiles más largas del mundo, el papel de las etnias en la construcción y desconstrucción de este nuevo país que emerge al mundo y que el mundo tiene tantas ganas de comerse.

El estado de Shan está al noreste del país y gran parte de su territorio está cerrado a los extranjeros. No obstante, un pueblo pequeño situado en las faldas de una montaña empieza a cobrar fama entre los viajeros, por su naturalidad, tranquilidad y múltiples oportunidades de montañismo. Este es nuestro punto de partida, Hsipaw, acompañados por nuestro guía Kham Lu y tres viajeros que conocimos la noche anterior: Tim (estadounidense), Mike (austriaco) y Dirk (alemán). El grupo es una mezcla graciosa, más o menos resumida en esta foto:

DSC_0490

Empezamos el trekking a las 8 de la mañana con la intención de visitar las distintas etnias que conviven en el territorio Shan y dormir en Tangsam y Panká (la escritura viene de la pronunciación del guía, ya que en el mapa no aparecen estos pueblos). No obstante, conforme íbamos comiéndonos los kilómetros tuvimos que cambiar la ruta pues los vecinos alertaban a Kham Lu de una gran presencia de soldados en ambos… Iríamos a Man Loi y Kon Kaw: “safety first”, seguridad primero, añadió el guía con un gesto de aseveración, como quisiendo dar confianza.

¿Soldados de quién? ¿Del gobierno birmano? ¿De los Shan? ¿Por qué ahora? ¿Qué querían? Había leído muchas cosas, pero miles de preguntas se apelotonaban en mi cabeza. Andábamos a paso ligero y Kham Lu hablaba tranquilo, con una voz suave. Ante mi insistencia, comenzó a contar la historia como cosiendo retales en una colcha, a trozos, según se acordaba y mi curiosidad le insistía.

Es una historia larga, así que empezaré por el principio. En el siglo XIX los ingleses se hicieron con el control de Birmania después de tres guerras que terminaron en 1885 con la conquista de las tierras del norte. Su mayor zona de influencia era la del sur y el centro del país, dónde se concentra la etnia bamar (la predominante)y los territorios periféricos permanecieron más o menos autónomos. A estas alturas, creo que un mapa de la distribución de las etnias de Birmania puede ayudar mucho a la comprensión de este entresijo:

7602287_orig

Mapa político de Birmania. Cada color pertenece a un estado. Los territorios bamar son, grosso modo: Mandalay, Bago, Magwe, Yangon y  Ayeryarwady. El resto, grosso modo también, son territorios de minorías, como los Chin, los Shan, los Kachin… 

Los territorios Chin, Kachin, Shan, Kayin y Kayah gozaron pues, de alguna manera, de bastante autonomía. En cada uno de ellos se hablan lenguas distintas y culturas diferentes y su denominación se debe a la etnia mayoritaria, ya que en cada uno de ellos coexisten, además, otras decenas de pueblos distintos que convierten a Birmania en una región más que multicultural con 135 grupos étnicos registrados. Los ingleses administraron el país como una región más de la India, con lo que añadieron a este crisol un montón de personas de origen indio que en su día ayudaban a los oficiales ingleses a gobernar Birmania.

DSC_0177

Distintos trajes de minorías étnicas representadas en el show de los “Moustache Brothers” (Mandalay)

A principio de los años 20, varios estudiantes de Yangón protestaron contra algunas normas inglesas como los ridículos requisitos para entrar a la universidad y los ingleses se vieron forzados a hacer algunas concesiones. Uno de esos estudiantes se convertiría más tarde en el líder nacional Aung San, padre de la conocida Aung San Su Kyi, líder democrático de la actual Birmania.

Aung San lideraba la Unión “Todos los estudiantes birmanos unidos”, un grupo que tras las protestas buscó alianzas internacionales para ayudar a los birmanos a conseguir la independencia de los británicos. Japón se ofreció a ofrecerles entrenamiento militar y así fue como los “los 30 de Aung San” se conviritieron en la primera tropa armada del país, la Burmese National Army (BNA). Volvieron a Birmania acompañados del ejército japonés en 1941, sin percatarse en ese momento que Japón no quería echar a los británicos para ayudar a Aung San, sino para expandir su imperio. Un detalle del que el general se dio cuenta sólo unos años más tarde. En 1945 tras muchos episodios de crueldad despiadada perpetrados por las tropas japonesas, Aung San se unió al bando de los Aliados que se había formado durante la II Guerra Mundial (IIGM) y dos meses más tarde los ingleses liberaron a Birmania de los japoneses. Así que Gran Bretaña volvía a jugar un papel importante en el juego político del país.

DSC_0753

Mientras la bandera de Birmania ondea en el frente del autobús, el ayudante del conductor saluda con la homónima inglesa en su camiseta  (Yangón)

En sintonía con todo el proceso de descolonización que se produjo tras la IIGM, los ingleses decidieron que Birmania merecía la independencia, pero sólo si se constituía como un país unificado. Aung San (de etnia bamar) se reunió con líderes de las minorías étnicas y firmaron el pacto de Panglong en febrero de 1947, en el que se establecía que pasados 10 años desde dicha firma, las minorías tendrían el derecho de decidir si querían seguir formando parte del país o preferían ser independientes. Birmania organizó por primera vez unas elecciones en las que el partido de Aung San, llamado antifascista (AFPFL),  ganó 172 de los 225 escaños, seguido por los partidos de las minorías, que consiguieron 69, el partido comunista, que consiguió 7, y el partido del general U Saw, representante de los intereses de los bamar, que consiguió 3 escaños. Los planes para desmilitarizar el gobierno y otras nuevas reformas parece que fueron demasiado para una parte del ejército, que durante una reunión parlamentaria de Aung San con seis líderes de las etnias abrieron fuego y asesinaron a todos los presentes. “Ahí empezó todo el problema”, asegura Kham Lu, que cuenta la historia con menos detalles pero con la misma esencia.

Después de los asesinatos los ingleses atribuyeron el levantamiento a U Saw, lo colgaron en 1948 y propusieron un nuevo gobierno, liderado por su favorito U Nu, también de la etnia bamar. Para aquél entonces, las minorías habían vuelto a armarse para luchar por sus intereses, ya que supieron que la votación propuesta para los 10 años no iba a tener lugar. El país entero se alzó en armas, algunas por rebeldía, otras anti comunistas financiadas por Estados Unidas y otras por religión (como los musulmanes de la zona de Rakhine), pero la mayoría en oposición al nuevo gobierno. Diez años más tarde, en 1958, un U Nu rendido ofreció el gobierno al general Ne Win, que a golpe de corneta consiguió apaciguar el país y reducir la actividad de los grupos rebeldes. Con este triunfo, decidió organizar unas elecciones en 1960 con la sorpresa de que fue U Nu, y no él, quien obtuvo una amplia mayoría, sobre todo por decretar que el budismo sería la religión nacional. Este propuesta de una religión única reactivó el conflicto con las guerrillas étnicas y los militares decidieron que ahora sí, después de aquel show, su momento había llegado.

Aprovechando la situación, dieron un golpe de estado en 1962 del que Birmania todavía no se ha librado a día de hoy. Liderados de nuevo por Ne Win, ahora libre cien por cien de todas las ataduras democráticas, nacionalizaron todas las empresas y recursos naturales de Birmania (la mayoría situados en territorios de las minorías, lo que provoca que a día de hoy éstas sigan reclamando control sobre sus riquezas), instauraron un régimen socialista que les venía como anillo al dedo para confiscar todos los bienes y controlar el país y convirtieron a Birmania en un estado militarizado, sin libertades, con violaciones de derechos constantes y una economía sumida en la ruina y empapada de corrupción.

DSC_0162

Uno de los hermanos de “Moustche Brothers” insinuando que los generales están involucrados en el tráfico ilegal de opio y heroína, (Mandalay)

DSC_0308

Cartel que advierte sobre el paso del gaseoducto que conecta Birmania con China. El gas es un recurso controlado por el gobierno militar (Hispaw) 

La historia es larga, como decía. Pero necesaria para entender por que el conflicto continúa a día de hoy y por que las reivindicaciones de autonomía de las etnias se fundamentan en años y años de lucha. La Junta Militar actúo en ello de forma similar al Franquismo. Decretó una Birmania “grande y libre” que bautizó al tiempo como Unión de Myanmar, dejando explícito de alguna forma que toda pretensión de independencia iba a ser neutralizada y que todos formaban parte de un mismo país. Prohibió las lenguas de las minorías en las escuelas, promulgó una sola identidad cultural, impuso el birmano en todo el territorio y mató, asesinó, violó y llenó de minas todos los pueblos que no quisieron darle dinero o que, simplemente, molestaban en sus planes. Arrasó hectáreas de bosques para exportar la madera de teca tan conocida de Birmania, expulsó a muchos pueblos de sus casas para poder extraer el gas y vendérselo a China, esclavizó a cientos de personas en los campos de opio, convirtiendo a Birmania en el segundo productor de opio mundial sólo por detrás de Afganistán. Esclavizó también a las etnias en cuyos territorios se encuentran las minas de rubíes y gemas preciosas, obligándoles a realizar trabajos forzosos. Por eso, aunque Birmania es rico en recursos, su población es de las más pobres de Asia.

DSC_0255

Jóvenes seleccionan la basura para vender aquello que todavía puede ser valioso (Mandalay)

DSC_0550

La mayoría de la población birmana no tiene acceso a luz eléctrica, agua potable o gas para cocinar. En la imagen, un matrimonio cristiano de etnia Lisu (Poblado cerca de Hsipaw) 

Todo el dinero de su trabajo y sus recursos no revierte en los birmanos de ninguna manera. En 2013, un informe de Unicef en el que sólo contaba con las cifras oficiales (dejando de lado pues la corrupción y las actividades ilegales, fuentes principales de ingresos), revelaba que el gobierno birmano destinaba el 29% de los presupuestos del país en gastos militares y sólo el 5,7% en salud, el 11% en educación y el 0,3% en bienestar social.

Pero ahora es diferente, ¿no?, ¿será distinto?, preguntó a Kham Lu, intentando entender por qué a pesar de que las elecciones fueron un éxito para el partido de Aung San Su Kyi, el NLD, los soldados siguen en pie de guerra. Me mira con aire condescendiente…Tiene sólo 20 años pero entiende cosas que mi mentalidad “de paz” no es capaz de ver. “Cuando todos tus vecinos se enriquecen con tu guerra, es muy difícil que la guerra pare”. Esa es su respuesta.

Nos detenemos en el borde del camino para recuperar fuerzas. Hace un calor espantoso y al chico alemán le ha agitado con tal intensidad que está mareado. Kham Lu no puede prestarme más atención así que decido que por la noche seguiré con las preguntas. ¿A qué se refiere con el interés de los vecinos? ¿Qué ha prometido Aung San Su Kyi con respecto a este tema? ¿Qué pasará ahora que Birmania se ha abierto al mundo?

DSC_0453

Parada de rigor tras una larga caminata (alrededores de Hsipaw)

Kham Lu vuelve a sus funciones de guía. Durante todo el día hemos pasado por pueblos muy distintos… es fácil darse cuenta de la diversidad que alberga esta tierra. La etnia Lisu escribe en alfabeto latino pero como si fuese al revés, creando una sensación de mareo en la mente. Son cristianos debido a los misioneros de la zona y tienen iglesias, biblias e imágenes de Jesús en sus poblados. La etnia Shan es la mayoritaria en la zona, son un pueblo siamés (como los Tailandeses) y su lengua es parecida, aunque se escribe con alfabeto birmano. Son fundamentalmente budistas. De camino también encontramos pueblos de la etnia Palaung, con una lengua totalmente diferente. Cada una tiene un calendario y la forma de medir el tiempo es totalmente distinta… para unos estamos en 2016, para otros en 2.558, etcétera… Una familia nos enseña un almanaque escrito en cuatro lenguas diferentes y con mediciones distintas de las semanas!!

DSC_0310

Una biblia escrita en lengua Lisu, una mezcla de alfabeto latino al revés y en mayúsculas que según el guía se pronuncia con distintas tonalidades y se parece al chino (alrededores de Hsipaw)

DSC_0468

Una familia no enseña su calendario. Además de tener diferentes nomenclaturas, lenguas y números viene con una explicación detallada de los días que los espíritus están tranquilos y se puede cazar por la noche, los días que es bueno que compres pollo, los que te darán mala suerte para empezar a construir una casa… (alrededores de Hsipaw)

A pesar de ello, desde fuera y obviando los símbolos que pintan sus calles, la vida diaria se antoja parecida. La mayoría de gente de Birmania vive en entornos rurales y un paseo por estas montañas es una buena muestra de ello. Carros tirados por bueyes, mujeres con machetes que vuelven del campo, niños recogiendo leña para la cena, hombres cargando escopetas hechas a mano listos para salir a buscar la caza… El tiempo parece detenerse a pesar de la presencia de las motos y algún teléfono móvil. Anochece y los campos teñidos por los últimos rallos de sol brillan con una paz que parece incomprensible. La vida diaria de todas y cada una de estas personas, rodeados de una naturaleza viva y bella, de flores preciosas y montañas altas, se me antoja una realidad inexistente, frágil, fugaz. Los tonos pastel y el color de la madera se arremolinan ante mis ojos con ese último rayo de luz… el olor a comida recién preparada, la risa de los niños volviendo a casa, el tintineo de los cencerros de los bueyes que vuelven a descansar a los establos. Parece una normalidad fingida y sin embargo, sincera. ¿Qué habrá hecho está gente para merecerse una vida marcada por el temor a la guerra? Los disparos se escuchan a lo lejos, pero nadie parece escuchar nada… El guía se ríe, “pum, pum”, “a veces creo que es dinamita para sacar arena, pero si afino el oído sé que no, son disparos”.

DSC_0314 DSC_0332 DSC_0392 DSC_0395 DSC_0417 DSC_0416

Diferentes imágenes de la vida rural en territorio Shan. Su normalidad, a pesar de vivir entre guerrillas y explosiones, las vuelve inverosímiles, como de magia (alrededores de Hsipaw) 

Desde el golpe de estado de la Junta Militar en el 62 ha llovido mucho. Y para un país con una estación de lluvias no es poco decir. El gobierno ha ido cambiando, abriéndose poco a poco al mundo e intentando dar una apariencia de modernidad legal.

En el país hubieron muchas protestas durante los años del gobierno, las más conocidas son las de 1988, en las que el gobierno mató a 3.000 personas, encarceló a cientos más y al menos 10.000 estudiantes dejaron el país; y las de 2007, conocidas como la revolución azafrán en las hasta los monjes budistas participaron para denunciar la crueldad del régimen militar. La Junta disparó contra los manifestantes y golpeó, arrestó y asesinó a los monjes, hasta el punto que de 225 que dormían en un monasterio en las afueras de Yangón, sólo se pudo localizar a 50.

Entre manifestación y manifestación, también hubo elecciones. En mayo de 1990 fue la primera cita electoral, pero un año antes la junta encarceló bajo arresto domiciliario a Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia (NLD), para evitar su victoria. Aún así, el NLD consiguió 392 de los 485 escaños pero la Junta Militar nunca les dejó gobernar, más bien, todo lo contrario, pues decidió arrestar a sus líderes. Cinco años más tarde dejó en libertad a Aung San Suu Kyi pero controlaba de tal forma sus movimientos que finalmente volvieron a sumirla en arresto domiciliario.

En mayo de 2008 la Junta Militar cambió la constitución (supuestamente por referéndum a pesar de que justo el cyclone Nargis acababa de asolar el país y poca gente pudo asistir a las votaciones) con la promesa de celebrar elecciones en 2010. De paso, aprovecharon para incluir algunas cláusulas con las que se aseguraban mantenerse en el poder y prohibir de forma legal la investidura de Aung San Su Kyi como presidenta, pero esto tardó un poco en hacerse patente. En 2010 finalmente se “disolvió” la Junta Militar y los mismos generales que gobernaban cambiaron su uniforme por una corbata y se presentaron a las elecciones bajo el nombre Partido para la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (USPD). La Junta siguió gobernando, pero convenció al mundo de que Birmania iba hacia el camino de la libertad, el capitalismo y la democracia. Liberó a Aung Sun su Kyi del arresto, dejó en libertad a algunos presos políticos y permitió el pleno acceso al capital internacional. Con lo que se levantaron muchas de las sanciones internacionales…

DSC_0122

Grandes empresas transnacionales fabrican ahora sus productos en Birmania, a pesar de que algunas de ellas como la francesa Total fueron acusadas de colaborar con la Junta Militar y de contar con trabajo esclavo (Yangón)

Por último, el pasado 8 de noviembre de 2015 se celebraron las elecciones por las que Birmania ha sido noticia en el mundo. 191 partidos se presentaron a los comicios de lo que se suponen las primeras elecciones… ¿libres? Para el mundo así lo parecía, no obstante los detalles revelan realidades muy distintas. El partido de los militares sólo obtuvo el 3% de los votos, pero por mandato constitucional deben ocupar, al menos, el 25% de los escaños. Para complementar esta medida, el parlamento no puede aprobar una ley sin más del 75% de apoyo, por lo que los militares se aseguran que no se hará en Birmania nada de lo que a ellos no les interese. Por otra parte, esta misma constitución de 2008 imposibilita, como decíamos, la investidura de Aung San Su Kyi. La famosa clausula 59F establece que el Primer Minsitro de Birmania no puede estar casado con ningún extranjero o tener hijos de nacionalidad no birmana (la líder estuvo casada con un inglés y tuvo dos hijos), no debe de haber estado en la cárcel y debe de haber cumplido el servicio militar. A pesar de ello, la política ha asegurado que propondrá a un candidato como presidente antes de Abril pero que ella misma manejará los hilos.

DSC_0051

La imposibilidad de Aung San Su Kyi para ser investida presidenta de Birmania es una tema central en los periódicos del país (Mindat)

Kham Lu lo encuentra divertido, “como una marioneta”, se ríe.   Está contento porque asegura que “a los militares no los quiere nadie”, si quiera en su capital, Naypyitaw, en la que la mayoría de la población voto al NLD. También, insiste, en los pueblos remotos tienen muy mala fama, porque “violan a las mujeres y raptan niños para que luchen contra los suyos, con ellos. Esto todavía hoy, en 2015”, denuncia Kham Lu. Sin embargo, él no votó, a pesar de que el partido político Shan es bastante fuerte y de que por sus palabras parece feliz por los cambios acontecidos en su país.

Así que llegados a este punto… ¿Qué tiene todo esto qué ver con los shan, con las minorías, con las guerrillas?

En primer lugar, con lo referente a las elecciones, cabe destacar que no todos los birmanos pudieron ejercer el derecho a voto. Primero, porque muchos de ellos están todavía en el exilio y en campos de refugiados, segundo porque los rohinya, la etnia musulmana de Birmania y aproximadamente un millón de personas, no pudo votar porque no son considerados ciudadanos, y tercero, porque el acuerdo de alto al fuego necesario para las votaciones no fue satisfactorio, lo que impidió a otros cientos de personas el derecho a voto.

Todo esto lo cuenta Kham Lu un poco más enfadado. Asegura que los militares abrieron fuego en algunos pueblos Palaung y Shan por no firmar el alto al fuego y que más de 1.000 personas no pudieron votar por haberse tenido que desplazar a otros lugares más seguros. Pero ya hace mucho de las elecciones… ¿qué hacen todavía aquí los militares? ¿Qué es eso del alto al fuego?

Kham Lu explica que en toda Birmania hay 21 guerrillas, 8 de las cuales han firmado actualmente un acuerdo de alto al fuego. Concretamente en el estado de Shan, existen 3 “tribe-armies” (como las llaman aquí), dos de los Shan y una de los Palaung. Según narra el guía, las tres hicieron un pacto de firmar el alto al fuego para las elecciones (propuesto por el gobierno) sólo si todas las guerrillas lo hacían. Como no fue el caso, los Palaung y la guerrilla Shan SSASSPP no lo firmaron, pero la SSARCSS sí lo hizo. Aparentemente los militares abrieron fuego de nuevo sobre localidades Palaung por resistirse a firmar el documento y éstos se ofendieron muchísimo ante el abandono de sus vecinos Shan, pues según Kham Lu, “hasta ese momento habían luchado juntos como hermanos”. A día de hoy, todavía siguen los ataques de unos a otros ante la presencia del gobierno, que según parece dispara a unos y otros sin discriminación, “incluso me han dicho que a civiles”, añade el guía con actitud dubitativa. Así que la guerra civil sigue en pie.

Kham Lu confiesa que no le gustan nada los militares, sobre todo los del gobierno. Llega a describirlos como atroces y decir que “si pudiesen, matarían a todas las minorías y explotarían todos los territorios”. El no bebe pero nosotros ya llevamos unos cuantos tragos de whisky frente al fuego… me aterra pensar que a pocos kilómetros hay jóvenes matándose entre ellos.

¿Crees que puede terminar este conflicto? Vuelvo a retomar esa conversación. “Es muy difícil, mucha gente ya no sabe ni porque lucha, es como un coche que va en marcha y no puede parar”. Pero… ¿y con la victoria del NLD, tampoco? “No lo sé, las guerrillas dijeron que si Aung San Su Kyi era presidenta le ofrecerían flores… yo interpreto que dejarían las armas, pero no lo sé”.

Ya es tarde y mañana emprendemos la marcha temprano. Tras varias historietas sobre malos espíritus para relajar la situación (los birmanos son muy supersticiosos) nos vamos a dormir.

DSC_0494

Atardecer en el pueblo Kon Kaw, alrededores de Hsipaw

El nuevo día comienza con arroz, como de costumbre, y bastante alegría. Una mujer birmana lleva rezando en voz bastante alta desde las cinco de la mañana y en el monasterio el monje parece acompañarla con su voz monótona y grave. Salimos de la casa con las mochilas y la comida, hoy será una ruta empinada y sin pueblos a la vista. “No hace falta que corráis”, bromea Kham Lu, “no nos persigue ni un tigre ni el ejército”.

Hasta ese momento no habíamos visto ningún soldado. Pero nada más empezar la ruta y todavía en el pueblo (Man Loi),  un chico joven y totalmente uniformado pasa a toda prisa por delante de nosotros. Le sigo con la mirada y lo examino de arriba abajo, “es de la guerrilla Shan”, aclara Kham Lu. No me lo podía creer. Hasta ese momento me había imaginado a los guerrilleros de las minorías con ropa más o menos normal, quizás una chaqueta militar o un casco, y, por supuesto, armados hasta las trancas. Pero el chico que acabábamos de ver iba pulcramente vestido y equipado como un soldado de un gran ejército. Traje elegante de soldado, botas negras de cordones, sombrero de soldado… un momento, ¿qué pone en el sombrero? ¡Made in USA! ¿Será posible qué lleven vestimenta estadounidense? Kham Lu se ríe, se ríe de nuestro asombro.

“Muchas de las guerrillas consiguen armamento y dinero de China, vendiendo madera, opio, piedras preciosas e incluso órganos… y por otro lado reciben uniformes americanos”, especifica. Este asunto es especialmente interesante, sobre todo cuando China está armando por un lado a las guerrillas y por otro al “gobierno” militar, que compra armamento al gigante chino, a Tailandia y a Bangladesh, sus tres vecinos. A esto se refería Kham Lu cuando el primer día dijo aquello sobre los intereses económicos de los países que rodean Birmania… la economía de la guerra, qué peso tiene. ¿ Cómo se financian las guerrillas para comprar todo eso? Kham Lu no sabe responder muy bien. Me dice que los ingresos por la venta de opio son fundamentales y que aparte se nutren mucho de sus compatriotas. “Por ejemplo, a mi pueblo nos llegó un mensajero de la guerrilla Shan en el que nos avisaba de que teníamos que enviar a dos jóvenes a unirse a la lucha, como no queríamos enviar a nadie reunimos mucho dinero y se lo dimos, así funcionan en muchos sitios”, ¿y si no enviáis dinero ni personas?, ser ríe, “¡matan a nuestro líder!”, responde. Relata que muchas familias envían a los hijos a los monasterios y así cuando el grupo armado viene a reclutarlos no puede llevárselos pues los monjes tienen prohibido manejar armas.

DSC_0030

Cartel de “Save the Children” en el que suponemos que aconsejan a las familias que no envíen a sus niños al ejército (Mindat)

Andamos y andamos y el día transcurre con curiosidad y un calor de esos que hace correr ríos por el cuello. Pasamos por montañas de árboles enormes, centenarios, que nos recuerdan lo pequeños y jóvenes que somos, lo que tenemos por aprender. Cruzamos bosques de bambú, verdes y frondosos, y árboles llenos de flores que devoran sus troncos. Un río, una subidita, un valle…

DSC_0544 DSC_0382

DSC_0423DSC_0378 DSC_0376

Casi al atardecer llegamos a Kon Kaw, un pueblecito antiguo en la cima de una montaña dónde solía vivir uno de los reyes Shan. Los caballos campan por las calles arenosas mientras los niños juegan en la plaza y las mujeres siguen la misa en un monasterio antiguo de madera. No queda más que contar. Creo que Kham Lu está tan agotado como nosotros así que nos sentamos en el balcón de la casa dónde dormimos y bromeando sobre si la cena será arroz o arroz nos terminamos un par de cervezas y una botella de Ginebra. Cuándo despertamos al día siguiente llueve y las nubes blancas y espesas rodean la aldea. Son las siete y empezamos la marcha.

DSC_0499DSC_0500DSC_0513DSC_0528

Hoy el día es corto, llegamos a la ciudad de Kyaume y de allí un tuk-tuk nos llevará de regresó a Hsipaw. Andamos más en silencio que al principio, es pronto, estamos cansados y quizás todavía nos queda alcohol en la sangre. Pienso en lo injusto que es que nadie vaya a pagar por todas las atrocidades cometidas en Birmania. Que la Junta Militar vaya a pasar de rositas y su simple intento de abrir el país a la democracia le absuelva de todas las atrocidades cometidas, de todas las muertes, asesinatos y humillaciones que perpetró y sigue perpetrando. Recuerdo un show que visitamos en Mandalay en el que los Moustache Brothers, un grupo de cómicos ya mayores que han sido encarcelados varias veces por sus shows políticos y críticas al gobierno, nos explicaron las condiciones en las que viven los presos en las cárceles dónde ellos estuvieron y dónde todavía quedan muchos de sus amigos. La mayoría acaban muriendo envenenados por agua contaminada con pintura de plomo. Recuerdo también la conversación con Mrs. Fern en el palacio Shan de Hsipaw, en la que contaba como todavía no saben si su familiar, el que fue rey de los Shan, sigue vivo o lo asesinaron. “Nunca nos han contestado, pero no lo han soltado junto con otros presos políticos que salieron hace poco, así que nos imaginamos que ha muerto”, asegura.

DSC_0165

Lu Maw explica durante el show de los “Moustache Brothers” que muchos de sus amigos siguen siendo envenenados en la prisión por pintura de plomo en los tanques de agua (Mandalay)

DSC_0304

Mrs. Fern relata la historia de la familia real Shan, cuyo heredero está todavía desaparecido desde los años 60. Se trata de su propia familia y hasta día de hoy tenía prohibido investigar cualquier hecho relacionado con ello (Hsipaw)

Tantas vidas truncadas, tantas verdades que no se sabrán nunca, tantas historias que morirán con la entrada a la democracia. Tanta impunidad y tan poca justicia. Este pensamiento me tele transporta a una conversación con el monje Usein en Thabarwa Center, en Yangón. Hablábamos del perdón, de los sentimientos, de la rabia que genera la injusticia… El me trataba de explicar que hay que bloquear esa rabia, ese enfado, que esos sentimientos no llevan a nada. Y entonces me dijo lo siguiente: “Por ejemplo, yo creo que Aung San Su Kyi es una meditadora, por la paz que tiene. La gente la quiere mucho y yo la respeto porque ella dijo en una entrevista que no tenía rencor a la Junta Militar a pesar de haber estado más de una década privada de libertad, que aprendió mucho de esos años y que hay que saber perdonar”. ¿Son el perdón y la justicia compatibles? Andamos y andamos por montañas preciosas y este debate me ocupa la mayoría del tiempo… Kham Lu, le pregunto, ¿te gustaría que los militares pagaran por lo que han hecho, que alguien les juzgase? Me mira como si estuviese hablando en un idioma extraño. “¿Qué paguen? Si no pagan nada, si son unos corruptos”, responde entre carcajadas. No hombre, dinero no, bueno también podrían, pero me refiero a qué paguen por ejemplo con años en la cárcel… Creo que no me entiende muy bien, o quizás sí pero no lo verbaliza. Me da que pensar y vuelvo atrás en el tiempo. Imagino que en momentos de transición y más todavía con una guerra civil en marcha, la justicia es lo último en lo que piensas. Lo primero, es la paz. Me acuerdo de España y pienso en esa generación de la transición… En ese momento, que los militares o políticos pagaran no era una necesidad, que se reavivarán las heridas y se hiciese una investigación de la verdad, tampoco, la reparación a las víctimas tampoco entró en aquél debate. Todo era demasiado reciente.

¿Qué pasará en Birmania? La comunidad internacional celebra sus avances e incluso Obama ha visitado recientemente el país. Total, una compañía francesa y Chevron, su colega estadounidense, han sido acusadas y están en juicios por colaboración con la Junta Militar birmana en la construcción del gaseoducto de Yadana en condiciones de semi-explotación, mientras los dirigentes de ambos países daban conferencias y discursos sobre los derechos humanos en Birmania y la necesidad de abrir el país. La familia Bush es una gran defensora de las sanciones a los militares y de la lucha por los Derechos Humanos de los birmanos, lo que ya, desde fuera, incita a sospechar.  Birmania se abre al mundo llena de joyas y preciosos diamantes…

Mis pensamientos se detienen. Por fin llegamos a Kyaume. Visitamos un restaurante local, comemos unos Shan Noodles buenísimos y luego Kham Lu nos lleva al monasterio a visitar el buda de bambú en el que su padre contribuyó hace muchos años. Justo enfrente una decena de niños pequeños se arremolinan frente a una pizarra. Son refugiados de los pueblos cercanos que huyen del conflicto armado. Una chica muy joven les enseña a escribir y todos hacen ejercicios de caligrafía en sus libretas de doble línea. En el monasterio viven 230 personas a la espera de volver a sus casas y en toda la ciudad se registran 5.000 ciudadanos que han bajado de las montañas para salvar sus vidas. Un niño escribe con una pistola de juguete al lado de sus manos: el lápiz o las armas, pienso, como dijo el líder revolucionario de Sudán del Sur.

DSC_0387

Una escuela vacía por los conflictos. Muchos niños deben abandonar sus pueblos y con ello, su educación ( alrededores de Kyaume)

DSC_0558DSC_0562

Niños refugiados en el monasterio de Kyaume durante una lección de escritura Shan

Birmania se encuentra pues en una situación difícil. La cuestión de las minorías es clave y de su gestión depende la paz del país. Esto es problemático si le añadimos que en los territorios de dichas minorías se encuentran la mayoría de recursos naturales, los mismos por los que estados y multinacionales se disputan el control.

Aung San Su Kyi no ha hecho declaraciones de importancia con respecto a este caso, más bien, lo contrario. En sus discursos ha prevalecido el silencio, quizás cauteloso, de quien pisa con pies de plomo un país todavía militarizado y con una economía de guerra.

Advertisements

3 thoughts on “Los Shan y la historia política de Birmania: guerra, corrupción e impunidad

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s