Las luces de Hoi An

Hay ciudades que compiten codo con codo con los encantos naturales de los distintos países. Hoi An, en la zona centro de Vietnam, es una de esas que se ganan un hueco en tus memorias tan rápidamente como un amor a primera vista.

Esta enigmática ciudad famosa por sus farolillos y colores pastel es famosa desde el siglo I, en el que tuvo el puerto más importante del sureste asiático. Conocida y codiciada por muchos, tuvo tantos nombres como cambios de poder (Lam Am Pho, Hai Pho y Faifo para los españoles y portugueses) y fue declarada patrimonio de la humanidad en 1999.

Este no es un post sobre su historia, sino un escrito breve y visual para contagiaros las ganas de viajar y descubrir la tierra de los Viet.

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La ciudad en sí parece un museo o un parque de atracciones de esos en los que todo se muestra demasiado perfecto para ser verdad. Los colores amarillos y azules de las casas, su contraste con la madera oscura y los farolillos colgando en cada esquina convierten las calles en una postal perfecta. Para más INRI, el río transcurre por el centro de la ciudad y los barcos de madera surcan cada día y cada noche entre los colores de la orilla y la multitud, que los fotografía. Las palmeras, los puentes, los conductores de rikshaws y las vendedoras ambulantes que visten sombrero vietnamita, añaden el toque final. Los gritos de “buy something, buy something” (compra algo) te devuelven súbitamente a la realidad… pero sin ellos y la cantidad de turistas, sería difícil discernir un paseo por la ciudad de una de esas pinturas románticas de museo.

 

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Hoi An está llena de pozos antiguos y hondos de los que antaño se sacaba el agua. El incienso rojo chino y los templos pequeños dedicados a los dioses de dicha cultura adornan la ciudad de forma tan natural que casi no se perciben. Están en todas las tiendas, esquinas… y ¡hasta en la playa! Las calles están llenas de galerías de arte, cuadros, librerías y fotografía que te contagian las ganas de una buena sesión de cultura.

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Una de las actividades culturales más famosas de la zona es el espectáculo de marionetas de agua. Se trata de una tradición vietnamita que se remonta al siglo XI y tradicionalmente tenía lugar en los campos de arroz inundados por la lluvia. Ahora las marionetas se mueven en piscinas de agua representando escenas de la mitología y la vida tradicional de Vietnam con un toque de humor y música.

Uno de los cuentos que narran es el de un enorme dragón que vivió hace cientos de años. Era tan grande que tenía la cabeza en India, el cuerpo en Hoi An y la cola en Japón. Los indios y los japoneses viajaron hasta esta ciudad para declararle una batalla final al dragón junto con los vietnamitas. Unidos, vencieron.

No sabemos porqué los indios se volvieron sin plena ni gloria, pero la amistad de los japoneses y el pueblo de Hoi An perduró. Años más tarde se plasmó en el puente más famoso de la ciudad: el llamado puente japonés en honor a sus amigos de dicha nacionalidad, que también habitaban allí desde hacía varios años.

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No obstante, y sin ánimo de quitarle el encanto que se merece, el turismo ha desplazado muchas actividades tradicionales del centro de Hoi An y actualmente el casco antiguo es como un centro comercial gigante. La gran mayoría de casas regentadas por familias se han vendido a especuladores y comerciantes que han alejado de la vista de los turistas la vida tradicional vietnamita y la historia de la ciudad. Pero al fin y al cabo, ver como el pueblo viet se relaciona con los extranjeros es también una forma de conocer el Vietnam real, el de la época del turista en masa. Aún así, si se quiere conocer más sobre el país, la vida rural continúa intacta en las afueras y en las playas, y los institutos amanecen llenos de estudiantes uniformados.

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Pero sin duda, uno de los mejores atractivos de la ciudad es su gastronomía. Aunque en Saigón y en el delta del Mekong probamos comida buenísima, en Hoi An es más fácil rechazar los bocadillos y lanzarse de lleno a la aventura de comer en Vietnam. Una vez en el ruedo, las ganas de probarlo todo son imparables. Las especialidades de la zona son el Cau Lao, una especie de fideos gorditos secos con caldo, verduras y carne; el Mi Quang, una sopa de fideos de arroz blancos con huevos de codorniz y algún tipo de carne; el White rose, una especie de pasta de arroz enrollada como un ravioli y con gambas dentro, el Ban Xao, unos crepes de arroz vietnamitas buenísimos, etcétera, etcétera. Comer en los restaurantes es un poco más caro, pero tanto en el mercado como en el patio de comidas una buena comida para dos cuesta menos de 100 dongs (unos cuatro euros), ¡incluyendo bebida!!

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Por la noche, Hoi An se enciende como los farolillos que la definen. Las calles del centro se convierten en peatonales, los puestos de venta ambulante toman el lugar y sólo unas pocas farolas iluminan el ambiente. La única preocupación antes de dormir es preguntarte qué comida nueva probarás al día siguiente… En Hoi An, la vida es así de simple.

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